
La Europa de el Disneyland
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- Europa está de fiesta: su mayor incordio político, el símbolo de la independencia europea, el defensor de la familia tradicional, el dirigente contrario a la guerra de Ucrania, el hombre que prefería comprar gas y petróleo directamente a Rusia en lugar de adquirir el mismo gas y petróleo a intermediarios chinos e indios al doble de precio… ese hombre, después de 16 años, ha caído en unas elecciones libres.
Conviene recordar que la Unión Europea ha criticado hasta la saciedad al señor Orbán, especialmente a través de Ursula von der Leyen y Kaja Kallas. Cuando otros países intervienen en procesos ajenos, lo llaman injerencia; cuando lo hace Bruselas, lo llaman solidaridad europea.
Es indiscutible que Orbán actuó siempre en función de lo que consideraba mejor para su país y fue consecuente. Pero 16 años de desgaste político y la maquinaria propagandística europea han terminado imponiéndose.
Lo que Europa no acaba de entender es que, por sus propias políticas, nos estamos empobreciendo y quedando fuera de los grandes debates internacionales. Nadie cuenta con nosotros para resolver conflictos de relevancia global. Europa ha sido desplazada y hoy somos irrelevantes en el nuevo reparto geopolítico.
Ucrania y la inopia política
La guerra de Ucrania nos ha sumido en la inopia política. No es casualidad que Europa sea irrelevante para el mundo, como tampoco lo es que Sánchez, Macron y Starmer se hayan apresurado a felicitar al señor Mladyar tras su victoria electoral.
La irrelevancia de nuestros líderes nos conduce a la miseria y al riesgo real de quedarnos solos en la OTAN, sin unos Estados Unidos que ya cuentan más con Rusia que con Europa. China está con Rusia, y aun así Europa pretende “abrirse” a China imponiendo aranceles a los coches eléctricos chinos, incluidos los fabricados allí por multinacionales europeas.
Europa ha preferido pagar 22.000 millones de euros de sobrecoste en petróleo y gas siguiendo los designios de Zelenski, que a su vez depende económicamente de Europa. Desde su burbuja de Disneyland, la UE se ha permitido gastar 500.000 millones de euros en una guerra sin sentido que solo mata a europeos.
Hasta Pakistán nos adelantó en Irán
Mientras tanto, cerramos empresas, dejamos de producir fertilizantes, dejamos de fabricar coches por los altísimos costes energéticos. Eso, lamentablemente, es lo que ha elegido Hungría y es el rumbo de una Europa infantil, sin reflejos ante la nueva geopolítica mundial.
Nos quedamos fuera por culpa de políticos ciegos, por la falta de visión de futuro y por dejarnos arrastrar por un Zelenski convertido en referente de la corrupción europea. Nuestra apuesta ha sido errónea en todos los sentidos, y el concepto de Europa, a ojos del mundo, hoy no vale nada. Europa no vende.
Pakistán nos ha adelantado en el conflicto iraní; un país con escaso peso político es hoy más relevante que Europa. Rusia ya vende en Asia todo el petróleo y gas que antes vendía aquí, y con el conflicto iraní ha duplicado sus ventas.
Los resultados están a la vista, y aun así seguimos sin sacar conclusiones.
La conclusión solo puede ser una: nuestros políticos son incompetentes, el proyecto europeo está prostituido y nos hemos quedado solos.
El mundo hoy pertenece a Estados Unidos, Rusia y China.
Y con el permiso de Trump, Europa seguirá viviendo en Disneyland






