LA «NECESARIA» BICICLETA

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por Esteban Fernández Roig Jr.
Miami.- Quería una bicicleta y mis pedidos eran interpretados como un lujo, como un entretenimiento, entonces decidí cambiarlo a “voy a necesitarla” y me dio muy buenos resultados.
Erróneamente me pasé muchísimos días -y hasta meses- pidiendo, suplicando y hasta exigiendo una bicicleta como si fuera un juguete, un pasatiempo.
Me decían: “¿Para qué tú quieres una bicicleta?” E inocentemente respondía: “Para divertirme en ella, pasear, para conocer otros lares, para mataperrear”…
Un día mi padre me preguntó : “Chico ¿para qué tú necesitas una bicicleta?” Y se me iluminó el bombillo. Inmediatamente convertí la bicicleta en una urgente necesidad. Una urgencia. Casi una emergencia.
A partir de ese momento cogí la matraquilla de: “La necesito para ir al Instituto, para asistir a Iglesia el domingo, para ir a la bodega y traerles todos los mandados, y hasta para llevar a mi amiguito José Raúl Montesa la academia de Olga Palenzuela en el Residencial Mayabeque”…
Me pasé todo Octubre, Noviembre y Diciembre del año 1957 insistiendo y aclarando las cientos de “necesidades” que resolverían -a mi y a ellos- la bicicleta.
Entonces- gracias a mi mahomía- el 6 de enero en la saleta de la casa de la calle Pinillos encontré una bella, necesaria y flamante Niágara.
No recuerdo haber resuelto un solo problema, ni haber hecho una sola diligencia en ella, solo gocé y me divertí en ella.
EL DESPETRONQUE
Bajando la loma de Candela a toda velocidad, solté mis manos, me caí, me despetronqué, y me partí un brazo.
En la consulta del médico Emilio Trujillo, mi padre burlón me dijo: “Oye, Esteban de Jesús ¿Qué necesidad fuiste a resolver a la Loma de Candela?”
La única tontería que se me ocurrió fue decirle: “Fui a comprar cuatro panes con lechón para que la pobre mami no tuviera que cocinar hoy sábado”.

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