
Una subasta para conseguir lo que la dictadura no puede garantizar
Por Yeison Derulo
Ciudad de México.- Una subasta de arte realizada en México recaudó fondos destinados a la compra de medicamentos para niños cubanos con cáncer, en medio de una crisis sanitaria que golpea con especial dureza a las familias de la isla.
La iniciativa reunió más de un centenar de obras de artistas de Cuba, México, Panamá y Canadá, en una jornada organizada por el Capítulo México de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad y el Centro Cultural Benny Moré. Una escena que debería provocar vergüenza en cualquier gobierno: ciudadanos y creadores de otros países reuniéndose para conseguir medicinas que un Estado que se presenta como potencia médica no logra garantizar.
El embajador cubano en México, Eugenio Martínez, aseguró que hasta hace poco sobrevivía el 85 por ciento de los niños con cáncer, cifra que habría descendido al 65 por ciento en las actuales circunstancias.
El dato fue presentado por el diplomático al denunciar los efectos de las sanciones estadounidenses. Esa explicación forma parte del discurso oficial de La Habana, que coloca el embargo en el centro de prácticamente todos los males nacionales.
La realidad, sin embargo, tiene otra dimensión que el régimen evita discutir: después de décadas de control estatal absoluto sobre la economía, Cuba depende de iniciativas solidarias, donaciones y ayuda exterior para cubrir necesidades elementales de su población.
Resulta difícil no preguntarse qué clase de sistema político necesita una subasta internacional para intentar conseguir medicamentos destinados a niños enfermos. Un gobierno que ha convertido la resistencia en una consigna permanente debería explicar primero qué hizo con los recursos administrados durante décadas y qué medidas adoptó para evitar que una familia cubana tenga que esperar por la solidaridad de México para conseguir un tratamiento.
La dictadura habla de dignidad, soberanía y resistencia, aunque cada nueva crisis termina demostrando la fragilidad de un modelo incapaz de garantizar hasta lo más básico.
México acaba de ofrecer una lección de solidaridad que no necesita discursos oficiales. Artistas desprendiéndose de sus obras, organizadores movilizando voluntades y personas aportando dinero para que un niño pueda recibir medicamentos.
Esa es la parte noble de esta historia. La otra es bastante más incómoda: un país que presume de tener uno de los mejores sistemas sanitarios de América Latina termina necesitando una subasta extranjera para intentar salvar a sus niños.
Ya no tienen que inventar para salir de la miseria. Jamás se había visto cosa igual.



















