El hombre que se cayó dentro de la tierra y tardó cuatro días en volver

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Sum Bora salió al bosque buscando una forma humilde de llenar la olla de su familia. No pedía fortuna, solo guano de murciélago. Eso es lo que tiene la pobreza en Camboya: te convierte en buscador de excrementos con una linterna prestada y la esperanza de que el día salga redondo. Tenía 28 años cuando entró al bosque de Chakry, ese lugar donde la tierra se abre como una boca y te traga sin necesidad de hacer ruido.

La linterna cayó. Y él, como cualquier hijo de vecino que sabe que sin luz no hay trabajo, se agachó a buscarla. Entonces resbaló. Y la tierra hizo el resto. Sum Bora quedó atrapado entre rocas, en una posición que ni el contorsionista más flexible del circo podría mantener cinco minutos. Allí pasó cuatro días. Cuatro días escuchando su propia respiración, sintiendo cómo la sed le secaba la lengua y el miedo le apretaba las tripas como un puño cerrado.

El rescate

El rescate fue una obra de titanes. Cientos de personas, herramientas de mano, pequeñas cargas controladas y mucha paciencia para no convertir la roca en una lápida. Cuando finalmente lo sacaron, Sum Bora parecía un fantasma con pulso. Lesiones en la cabeza, en el pecho, y el cuerpo convertido en un aviso de lo frágil que es eso de estar vivo. Pero aguantó. Y eso, amigos, es lo único que importa cuando has bailado con la muerte durante cuatro días y has ganado por KO.

En el hospital se recuperó con una velocidad que asustó a los propios médicos. Su historia llegó hasta el primer ministro, que le soltó unos cuantos dólares para él y los suyos. Pero la imagen que queda no es la del cheque, sino la de un tipo que se jugó el pellejo por un puñado de caca de murciélago. Porque eso es la necesidad: te convierte en minero de excrementos, en escalador de grietas, en protagonista de un milagro que nadie pedía pero que todos necesitaban.

Así que ya sabes. La próxima vez que te quejes de tu trabajo, piensa en Sum Bora. Él salió a buscar fertilizante y encontró una tumba con vistas. La diferencia es que él logró salir. No por casualidad, sino porque cientos de desconocidos decidieron que un hombre que se cayó dentro de la tierra no merecía morirse allí, solo y con una linterna rota. Y eso, señores, es la única grandeza que vale la pena aplaudir.

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