Primera secretaria del Partido en Granma publica y elimina en redes una guía familiar ante una supuesta agresión militar

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Por Yeison Derulo

Granma.- En la provincia Granma ocurrió algo que parece sacado de una novela distópica, pero no, sucedió en la Cuba real. Yudelkis Ortiz Barceló, primera secretaria del Partido Comunista en el territorio publicó en sus redes sociales una imagen anunciando la elaboración de una “guía familiar para la protección ante una agresión militar”. Debajo del documento resaltaban cuatro palabras que resumen perfectamente el manual de vida impuesto durante décadas al cubano: proteger, resistir, sobrevivir y vencer.

La publicación, compartida por el periodista Mario Pentón, no tardó en generar reacciones. Entre incredulidad, burlas y preocupación, muchos usuarios comenzaron a comentar tamaña estupidez, preguntándose qué clase de escenario contempla el régimen para poner a circular una guía de semejante naturaleza.

Lo curioso —o quizás lo más revelador— vino después. La publicación desapareció. Fue borrada de las redes de la dirigente sin explicación alguna, como si nunca hubiera existido. Pero en tiempos donde todo se captura y se archiva, borrar ya no significa ocultar. Al contrario: confirma que algo se dijo antes de tiempo o que alguien se percató del ruido generado y decidió apagar el incendio digital.

No deja de ser llamativo que en una provincia golpeada por apagones interminables, escasez de alimentos, crisis del transporte y hospitales en condiciones precarias, una de las prioridades comunicacionales termine siendo preparar a las familias para una eventual agresión militar.

Cuba lleva años librando otra guerra mucho más tangible: la de sobrevivir al colapso interno. Una guerra sin bombas, pero con anaqueles vacíos, salarios simbólicos y una emigración masiva que ha vaciado barrios enteros.

La imagen de esa guía resume mejor que cualquier discurso el modelo cubano contemporáneo. No habla de prosperar, crecer o construir. Habla de resistir y sobrevivir. Es decir, aguantar. Esa parece seguir siendo la gran promesa política del sistema: no ofrecer bienestar, sino entrenar a la población para soportar eternamente la precariedad.

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