Guardia pioneril en Cuba: niños jugando a vigilar mientras el régimen enseñaba a obedecer

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Los niños no protegían el barrio. Caminaban con linternas, gritaban de una esquina a otra y jugaban a la vigilancia mientras el régimen les enseñaba, desde pequeños, que la Revolución tenía derecho a ocupar cada espacio de sus vidas.

Eso eran las guardias pioneriles en Cuba, organizadas por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), especialmente durante los aniversarios de esa organización.

Un paseo nocturno disfrazado de vigilancia

Los pioneros se reunían en grupos vestidos con el uniforme escolar. Cada grupo tenía una guía, generalmente una madre que se ofrecía para acompañarlos y evitar que los niños salieran solos.

La actividad consistía en caminar por el barrio durante la noche. Los grupos se encontraban en las esquinas, se gritaban cosas y convertían la jornada en una aventura. Para los niños podía ser emocionante: estar fuera de casa, reunirse con los amigos y caminar hasta tarde.

Pero la vigilancia era prácticamente simbólica. Los menores no tenían medios ni autoridad para impedir robos, proteger viviendas o enfrentar delincuentes. Eran niños recorriendo calles bajo la supervisión de adultos.

Mientras tanto, en las casas cubanas seguían desapareciendo televisores, bicicletas, botellones de gas y cualquier objeto que tuviera algún valor. Cuando ocurrían esos robos, la guardia pioneril no servía para nada.

El papelito que certificaba la obediencia

Al terminar la jornada, cada niño recibía un pequeño documento. Algunos ejemplares llevaban impreso: «Bono de participación. Guardia Masiva Pioneril». Otros decían: «Bono Guardia Pioneril».

No era dinero. No servía para comprar nada. Era un comprobante de participación y debía llevarse al colegio al día siguiente. En algunos casos, el reverso se rellenaba a mano con el nombre del pionero, la escuela y el grado.

Los bonos llegaban a cada CDR según la cantidad de niños prevista, con algunos ejemplares adicionales. Después se repartían entre los participantes. Algunos niños los recibían sin haber hecho la caminata. Otros aparecían en la escuela con más de uno.

Guardia pioneril en Cuba: niños jugando a vigilar mientras el régimen enseñaba a obedecer
Guardia pioneril en Cuba: niños jugando a vigilar mientras el régimen enseñaba a obedecer

La participación podía ser falsa, pero el comprobante tenía que existir. Como tantas veces en Cuba, la apariencia oficial importaba más que lo ocurrido.

La familia también quedaba atrapada

La familia era parte del mecanismo. Las madres acompañaban a los grupos, organizaban las salidas y se aseguraban de que los niños cumplieran. Al día siguiente, el bono llegaba al colegio como una pequeña prueba de disciplina.

El CDR convocaba. La madre acompañaba. La escuela comprobaba. La Organización de Pioneros convertía todo aquello en una actividad patriótica.

Adoctrinamiento infantil con linternas

La Guardia Pioneril puede analizarse como una forma de adoctrinamiento infantil porque enseñaba a los niños a identificarse con los símbolos, las instituciones y el lenguaje del régimen.

No hacía falta sentarlos ante un discurso político. Bastaban el uniforme, la pañoleta, los emblemas, las consignas, la noche en grupo y el bono entregado al final. La ideología entraba disfrazada de juego.

Los niños podían divertirse y conservar un recuerdo feliz. Pero, al mismo tiempo, aprendían que la Revolución debía ser defendida, vigilada y obedecida. Ese era el verdadero objetivo.

Una actividad inútil, pero políticamente útil

La guardia era inútil para combatir los robos, pero útil para fabricar pertenencia. El niño se convertía en un pequeño guardián simbólico; la madre, en colaboradora; el CDR, en organizador; y la escuela, en verificadora.

No protegía el barrio. Protegía el relato.

El bono era pequeño. El mensaje no: hasta la infancia debía ponerse el uniforme.

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