
La mara del poder
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Si se establece una comparación entre el régimen cubano y las pandillas delictivas de El Salvador, las similitudes resultan sorprendentes.
Durante años, las maras salvadoreñas extorsionaban a empresarios y pequeños comerciantes, imponiéndoles coimas e impuestos abusivos. Quien se negaba a pagar sufría las consecuencias: le incendiaban el negocio y, en no pocas ocasiones, asesinaban a su propietario. Las pandillas llegaron a ejercer un poder paralelo sobre amplias zonas del país, hasta que la llegada del presidente Bukele cambió ese escenario.
Lo que voy a decir a continuación no es una exageración; es la realidad que enfrentan muchos de los pequeños empresarios autorizados por el propio gobierno cubano a ejercer actividades privadas.
El gobierno de Cuba actúa con esos emprendedores de una manera que, a mi juicio, recuerda el método de las maras salvadoreñas, aunque mediante un mecanismo más sofisticado.
Envía un ejército de inspectores, acompañados por un funcionario bancario y dos agentes de la Policía, para realizar auditorías a los negocios. El efectivo existente en la caja es retirado y depositado obligatoriamente en una cuenta bancaria. A partir de ese momento, el propietario pierde el control real sobre su dinero. Es el Estado quien decide cuánto puede retirar, cuándo puede hacerlo y qué operaciones puede realizar. Incluso las transferencias quedan sujetas a autorizaciones previas. En la práctica, ese dinero deja de estar bajo el control de quien lo ganó y pasa a ser administrado por el gobierno según su conveniencia.
Desde mi punto de vista, esa forma de proceder convierte al gobierno cubano en una especie de mara institucionalizada: un grupo que utiliza el poder del Estado para controlar y disponer del patrimonio ajeno. La diferencia es que, en lugar de operar desde la clandestinidad, lo hace amparado por leyes y estructuras oficiales.
Para poner fin a ese tipo de prácticas haría falta un liderazgo capaz de desmontar ese sistema con la misma determinación con que se combatió a las pandillas en El Salvador. Lamentablemente, en Cuba no tenemos a un Bukele que construya un CECOT para encelar de por vida a todos esos pandilleros.






