Geólogos de cine: los buenos, los muertos y los impostores

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Por Rafa Junco ()

La Habana.- Si usted cree que un geólogo solo se dedica a pasear por el monte y picar piedras con un martillito, Hollywood le invita a pensarlo dos veces. Un equipo de la Universidad de Gotemburgo, liderado por el vulcanólogo Erik Sturkell, ha pasado quince años analizando 141 películas con 202 geólogos de por medio. Y el veredicto es claro: en el cine, ser geólogo es una profesión de alto riesgo.

Lo primero que descubre el estudio es que, por lo general, los geólogos son los buenos. El 85% de ellos aparecen retratados como tipos nobles, íntegros y bienintencionados. Nada de físicos locos ni químicos siniestros.

El geólogo es ese científico bonachón y desaliñado que advierte al alcalde de que el volcán está a punto de hacer una escabechina. La película favorita del gremio es «Un pueblo llamado Dante’s Peak» (1997), donde siete geólogos intentan que Pierce Brosnan no termine carbonizado.

Detalles para no olvidar

Pero la bondad, en el cine, se paga cara. El 32% de los geólogos mueren antes de que aparezcan los créditos finales. Uno de cada tres. ¿Y la causa más común? Pues no es la lava ni los terremotos. Es el asesinato. Los matan porque «saben demasiado» o porque descubren algún oscuro secreto corporativo. El podio lo completan los accidentes geológicos y, cómo no, los encuentros letales con monstruos subterráneos.

Hay otro dato que invita a la sonrisa: de los 30 geólogos malvados detectados en toda la muestra, 23 terminan criando malvas. Un 77% de mortalidad. Además, 13 de esos «malos» eran en realidad impostores: delincuentes disfrazados de geólogos para saquear tumbas o buscar tesoros. La profesión, al menos, queda a salvo.

Eso sí, Hollywood tiene una asignatura pendiente: la diversidad. Solo el 11% de los geólogos de cine son mujeres, y apenas un 3% pertenecen a minorías étnicas. El arquetipo sigue siendo hombre, blanco y con camisa de cuadros. Así que ya lo sabe: la próxima vez que vea a un geólogo en pantalla, no lo subestime. Disfrútelo mientras pueda. Porque hay un tercio de probabilidades de que no llegue vivo al final.

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