El país se cae a pedazos, pero siguen repartiendo diplomas de «Vanguardia»

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Por Anette Espinosa

Minas.- En Cuba hay premios que solo existen sobre el papel. Mientras miles de familias sobreviven entre apagones, escasez de alimentos, inflación y salarios pulverizados, las autoridades camagüeyanas acaban de declarar nuevamente al municipio de Minas como Vanguardia Provincial y sede del acto por el 26 de Julio.

La noticia, difundida con el acostumbrado triunfalismo, parece escrita desde un país que poco tiene que ver con el que viven los cubanos todos los días.

El informe oficial asegura que Minas exhibe resultados favorables en la producción de alimentos, el desarrollo de los autoconsumos, el movimiento de patios y parcelas, el uso de energías renovables y los indicadores de la educación.

Sin embargo, basta recorrer cualquier municipio cubano para comprobar que la realidad sigue marcada por la falta de productos básicos, los altos precios y los constantes cortes eléctricos. Resulta difícil celebrar supuestos avances cuando la población continúa haciendo largas colas para conseguir comida y enfrenta una crisis económica que no deja de profundizarse.

Llama la atención que el propio comunicado reconozca un escenario de inflación, pérdida del poder adquisitivo, caída de la producción y deterioro de los servicios, pero aun así concluya otorgando reconocimientos por los resultados alcanzados.

Es una contradicción que se ha vuelto habitual en el discurso oficial: primero admite el desastre y luego reparte diplomas como si los problemas fueran simples obstáculos ya superados.

Tampoco pasa inadvertido que el reconocimiento llegue en un año dedicado al centenario de Fidel Castro. Más que una evaluación objetiva de la gestión de un municipio, la decisión parece responder a la necesidad de sostener una narrativa política de éxitos en medio de la peor crisis económica y social que ha vivido el país en décadas. La propaganda continúa ocupando el lugar que deberían tener las soluciones.

Mientras se organizan actos, desfiles y ceremonias para entregar la condición de Vanguardia, la mayoría de los cubanos sigue esperando algo mucho más sencillo: electricidad estable, agua en los hogares, alimentos asequibles y servicios públicos que funcionen.

Esas serían, probablemente, las verdaderas medallas que hoy espera recibir el pueblo. Todo lo demás corre el riesgo de convertirse en otra celebración oficial desconectada de la realidad.

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