
Cuba contra Israel: la derrota que Fidel mandó al archivo
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Vamos a contar algo que no le van a contar ni en la televisión cubana, ni en los libros de historia y mucho menos lo van a recordar en actos públicos. Resulta que Cuba, sí, Cuba, la que ahora posa de defensora de Gaza, la que pone carteles de “libre Palestina” en cada marcha de La Habana… ya perdió una guerra contra Israel. Y no fue un empate. No fue “casi”. Fue una derrota en toda regla. Pero ojo, que esto no lo sabe ni el cubano de a pie. Y el régimen castrista, ese que tanto habla de memoria histórica, ha preferido borrarlo como quien tira un papel manchado a la basura.
Vayamos a 1973. Guerra del Yom Kippur. Israel, rodeado de enemigos, lucha por sobrevivir, como casi siempre. Entonces Fidel Castro, el mismísimo comandante en jefe, decide que lo suyo es meterse en un charco que no era el suyo. ¿Y qué envía? Un batallón completo de tanques, pilotos, artilleros, asesores y cientos de soldados. Todo para reforzar a Siria. El objetivo, según la propaganda: “Derrotar al sionismo con solidaridad revolucionaria”. Parecía el eslogan de una película de bajo presupuesto. El resultado: las tropas cubanas fueron barridas en el frente del Golán como si fueran muñecos de feria.

Hablamos de tanques destruidos, decenas de bajas, y una retirada sin gloria, de las que no salen en los carteles. Lo más curioso es que Israel ni siquiera mencionó a Cuba en sus partes de guerra. Porque para las Fuerzas de Defensa israelíes, aquello no era un ejército enemigo, era un fastidio menor. Un actor secundario que neutralizaron sin despeinarse. Mientras tanto, los soldados cubanos volvían a casa derrotados, en silencio, sin homenajes, sin medallas. Porque claro, admitir que te ha dado una paliza un país al que llamabas “pequeño satélite imperialista”… eso no vende nada.
Entonces… el silencio
¿Y qué hizo el régimen? Lo de siempre: silencio administrativo. Borrón y cuenta nueva. Esa guerra no existe en los libros de texto. No hay museos, no hay documentales, no hay ni una mísera placa con los nombres de los caídos. ¿Por qué? Pues porque fue una humillación monumental. Cuba se metió en un conflicto que no era el suyo, perdió hombres y material, y no logró absolutamente nada. Ni una trinchera, ni una sigla, ni una consigna que valiera. Solo cadáveres y un avión de vuelta con la cabeza gacha. Eso no es internacionalismo, eso es meterse donde no te llaman.

Y ahora, medio siglo después, vemos a Cuba otra vez con el mismo discurso. Apoyando a Gaza, abrazando a grupos radicales, mandando médicos a sitios donde solo exportan odio. Pues habría que recordarles, y recordarnos todos, que la única vez que se enfrentaron a Israel de verdad… perdieron. No fue épica. Fue un error geopolítico con mayúsculas. Pero la propaganda castrista, esa que ni la COVID pudo parar, sigue vendiendo la moto: que Cuba es un ejemplo de solidaridad, que el internacionalismo es su bandera. Mentira. Cuba no ganó en África, no ganó en Siria, no gana ni en la ONU salvo que haya que aplaudir a Ortega o a Maduro.
La lección, amigos, es clara: el régimen cubano ha construido su relato sobre el olvido. Sobre esconder sus derrotas para que no queden en evidencia. Pero la historia está ahí, aunque no la enseñen en las escuelas ni la cuenten en la televisión pública. Israel demostró hace décadas que contra quien se ponga, si es por supervivencia, no hay solidaridad revolucionaria que valga. Y Cuba, con ese ejército de cartón, lo sabe. Por eso callan. Por eso no lo recuerdan. Porque el que calla, otorga… y el que perdió, que no espere que le pongan una estatua. O se aprende de los errores, o se está condenado a repetirlos. Y aquí estamos, 50 años después, viendo el mismo error de nuevo.






