La guía del absurdo: cómo pedirle al hambriento que almacene comida

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Hay decisiones de gobierno que son simplemente torpes. Otras, directamente insultantes. Y luego está esta: la famosa «Guía Familiar para la Protección ante una Agresión Militar» que el régimen castrista ha comenzado a repartir por Granma (la provincia), como si se preparara para el fin del mundo mientras el país se desmorona a pedazos.

Señores, no sé si reír o llorar. Porque el documento, que presume de ser una herramienta de defensa civil, recomienda a las familias cubanas almacenar agua, alimentos no perecederos, medicinas, linternas, baterías y hasta preparar un «bolso de emergencia». ¿De verdad? ¿En Cuba? ¿Dónde? ¿Con qué?

Porque aquí lo primero que habría que preguntarse es: ¿de qué alimentos no perecederos hablan? ¿Del arroz que no llega a las tiendas? ¿Del frijol que se vende a precio de oro en el mercado negro? ¿De la leche en polvo que los niños y ancianos dejaron de ver hace años como si fuera un sueño lejano?

Conseguir comida en Cuba no es difícil: es casi imposible. La mayoría de los cubanos se levantan sin saber qué van a comer, recorren kilómetros en busca de un huevo, hacen colas interminables por una libra de pollo congelado que parece piedra. Y este gobierno, con una cara que no les da vergüenza, les dice que «almacenen». ¿Almacenen qué, si la nevera está vacía? ¿Almacenen dónde, si la casa se cae a pedazos?

¿Bolso de emergencia?

Y ni hablemos del agua. El régimen recomienda tener reservas de agua potable, como si en Cuba el agua no llegara por tuberías rotas, con días sin servicio en medio barrios enteros, o como si los apagones no paralizaran las bombas.

Lo del almacenamiento de medicamentos es directamente una broma de mal gusto. Las farmacias cubanas tienen los estantes vacíos, no hay aspirinas, no hay antibióticos, no hay nada. Los jubilados pasan meses esperando una caja de pastillas para la presión. Y ahora resulta que tenemos que guardar medicinas para una guerra. ¿Pero qué guerra? Si la guerra diaria se llama desabastecimiento, y ya la estamos perdiendo hace décadas.

El gobierno cubano reparte esta guía como si fuéramos Uruguay, donde el tasajo sobra y la gente puede ir al súper y llenar el carrito. O como si fuéramos Noruega, donde el bacalao es moneda corriente y la leche en polvo se compra sin mirar el precio. Pero esto es Cuba, señores.

En Cuba los cubanos no tenemos ni azúcar, y eso que este país fue el mayor productor de caña del mundo. No tenemos leche, no tenemos carne, no tenemos medicinas, no tenemos electricidad. Y nos hablan de «bolso de emergencia». El único bolso de emergencia que conocemos es el que se prepara para irse de la isla. Ese sí que está lleno de esperanza y vacío de miedo.

Basta de farsas

Así que ya está bien de farsas. El régimen castrista debería repartir otra guía: la de cómo resolver la vida cotidiana, la de cómo garantizar la comida del día, la de cómo hacer funcionar un país sin tener al pueblo pasando hambre. Porque resistir una agresión externa, cuando apenas se puede resistir un día más en esta cárcel de carencias, es un chiste de mal gusto.

Los cubanos llevamos 67 años resistiendo al castrismo. Ese es el verdadero enemigo. No el imperio, no el bloqueo. La dictadura que nos pide que almacenemos lo que ellos mismos nos han quitado. Esa es la única guerra que importa. Y esa, por ahora, la estamos perdiendo. Pero no para siempre.

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