
El veneno de la sospecha
Por Yanetsy Pino ()
Atlanta.- Una de las razones por las cuales el castrismo ha durado tanto es la forma en que ha logrado meterse en la mente de los cubanos.
No estoy hablando de la CIA, ni de los comunistas, ni de los militantes del PCC, ni de los partidarios del régimen. Me refiero al exilio y a los cubanos que dentro de la Isla se plantan contra la dictadura desde el activismo o el pensamiento.
Nadie debería soñar con una homogeneidad o un pensamiento único porque la libertad de expresión y el respeto a las diferencias son sagrados. El problema es que nos pasamos la vida juzgando y prejuzgando si fulano hizo esto, si tiene tal ideología, si es de la «jugada» o si no tiene un pasado disidente.
El colmo de este canibalismo político es el brete y el chisme barato que han armado en redes con el estado de salud de Luis Manuel Otero Alcántara tras salir de prisión. Ahora resulta que andan midiéndole los bíceps para cuestionar su sufrimiento, como si hiciera falta verlo al borde de la muerte para creer en los horrores de las cárceles castristas o para confiar en su entrega.
Exigir el cadáver o la desnutrición de un hermano de causa para validar su sacrificio es caer en una bajeza asqueante.
Con esa actitud de tribunal de esquina le están haciendo el trabajo sucio a la Seguridad del Estado. El régimen necesita la desunión, las habladurías sin argumentos y ese «dimequetediré» cederista para mantenerse a flote. Mientras el foco esté en la intriga y el linchamiento entre los mismos que quieren un cambio, la dictadura gana tiempo y terreno.
Quien alimenta la sospecha destruye desde dentro la causa que dice defender.






