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Por Jorge Sotero

La Habana.- Cada vez que Vicente de la O Levy escribe algo sobre el Sistema Eléctrico Nacional, uno revisa primero si tiene una linterna cerca. No porque vaya a explicar cómo resolver los apagones, sino porque, después de leerlo, lo más probable es que vuelvan a quitar la corriente.

Su última publicación es una joya de la literatura fantástica. Dice que la crisis se agravó por una orden ejecutiva de Estados Unidos, que no hay combustible, que no hay piezas y que sobreviven con termoeléctricas jurásicas, el sol y el gas de Energas. Traducido al lenguaje del cubano: estamos fundidos y no sabemos cuándo dejaremos de estarlo.

Lo que más gracia me dio fue eso de que «en las últimas desconexiones no han existido errores de operación». Menos mal que lo aclaró. O sea, los apagones de 80 horas no son un error; son completamente intencionales. El pueblo puede dormir tranquilo. Nadie se equivocó. Simplemente decidieron dejar una isla a oscuras porque el sistema ya no da para más. Tremendo alivio saber que el desastre funciona exactamente como fue diseñado.

Después aparece la frase de que la UNE trabaja «a la ofensiva, con conocimiento y consagración». ¿A la ofensiva contra quién? Contra los apagones no parece. Si algo ha avanzado en Cuba es el horario de las desconexiones. Antes quitaban la corriente por la noche; ahora lo mismo te la tumban al amanecer, al mediodía o cuando estás cocinando. La única ofensiva visible es la del calor contra los mosquitos y la paciencia del cubano.

Y remata diciendo que «nuestra organización trabaja para el pueblo». Esa es buena. Debe ser por eso que el pueblo pasa más tiempo calculando cuándo regresará la electricidad que disfrutándola. Trabajan tanto para nosotros que han logrado un récord histórico: convertir un ventilador encendido en un acontecimiento digno de celebrar. En cualquier momento decretan el Día Nacional del Bombillo Prendido.

La mejor parte quedó para el final: «el camino es la transición energética». Ministro, con todo respeto, el pueblo ya hizo su transición hace rato. Pasó de cocinar con electricidad a cocinar con leña; de dormir con aire acondicionado a dormir con un cartón en la mano; y de confiar en los partes de la UNE a reírse cada vez que ustedes prometen estabilidad. Esa sí ha sido una transición exitosa. La de ustedes, mientras tanto, sigue siendo de conferencia en conferencia y de apagón en apagón.

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