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Por Anette Espinosa

Bayamo.- Yudelkis Ortiz volvió a demostrar que, cuando uno cree que el ridículo llegó a su techo, el Partido Comunista siempre encuentra una escalera. La primera secretaria en Granma publicó, orgullosísima, varias fotos de personas viendo la semifinal del Mundial de Clubes en lugares públicos porque, claro, en sus casas no tenían corriente.

La funcionaria escribió, con total seriedad, que la visualización del partido fue posible gracias a «varias alternativas de conexión». Traduzcamos eso al español: como el sistema eléctrico está hecho trizas, la gente tuvo que abandonar la comodidad de su hogar para reunirse alrededor de un televisor salvado por una planta, un generador o quién sabe qué invento. Lo venden como creatividad. Yo le llamo sobrevivencia.

Después remató con el acostumbrado discurso de «la unidad y el amor» para aplastar el bloqueo. Qué curiosa esa unidad que nunca logra aplastar un apagón de doce horas. Qué extraño ese amor que tampoco consigue encender un refrigerador ni conservar la comida de una familia. El cubano no quiere que le hablen de creatividad cada vez que falta la corriente. Quiere que la corriente llegue. Así de sencillo. Pero parece que pedir electricidad estable ya es un lujo capitalista.

Mientras tanto, las fotos parecen sacadas de un concurso de propaganda de los años setenta. Personas reunidas alrededor de un televisor como si estuvieran presenciando la llegada del hombre a la Luna, cuando en realidad estaban haciendo algo tan normal como ver un partido de fútbol.

Lo extraordinario no debería ser que cien personas compartan un televisor. Lo extraordinario es que un gobierno pretenda convertir esa desgracia en una victoria política y, para colmo, aderezarla con una imagen hecha por inteligencia artificial -como la foto de portada- porque ni la realidad alcanza para sostener el cuento.

Yudelkis no publicó las fotos de los ancianos sudando en la oscuridad, de los niños que no pudieron dormir por el calor o de los alimentos echándose a perder en miles de refrigeradores apagados. Esas imágenes nunca aparecen en sus redes.

Ella prefirió celebrar el «gol» de la creatividad. Pero el único gol que vio el pueblo fue otro: el que le volvió a meter la realidad a la propaganda. Cuando un gobierno presume de que la gente puede ver un partido solo reuniéndose en una esquina con un televisor prestado, no está demostrando fortaleza. Está confesando, sin darse cuenta, el tamaño de su fracaso.

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