
Alberola Rojas, la ‘vista gorda’ hecha finalista: que ruede el balón y la vergüenza
Por Yoyo Malagón ()
Madrid.- Amigos, siéntense, agarren una almohada porque lo que les voy a contar duele en el alma del fútbol. Apenas tres días después de que el señor Alberola Rojas y sus colegas del VAR se quedaran mirando el ombligo mientras Kylian Mbappé recibía un codazo que ni en el barrio de Salamanca, la Federación Española y el Comité Técnico de Árbitros han tenido la desfachatez de nombrarlo para pitar la final de la Copa del Rey.
Sí, ha leído bien, el mismo que no vio un penalti más claro que las orejas de Mickey Mouse ahora dirigirá el partido más importante del año, o uno de ellos, porque es una final. ¿Coincidencia? No, querido, es una declaración de intenciones, un “ustedes me lo bailan, yo se lo monto” en toda regla.
Vamos a recordar lo del Girona-Madrid, que igual se nos olvida por arte de birlibirloque. Mbappé encara, el defensa lo golpea con el codo en pleno rostro, brota la sangre, Alberola va a verlo pero no lo ve… penalti de libro, de esos que pitan hasta los niños de ocho años en el patio del colegio. Pues Alberola Rojas puso cara de no haberlo visto, el VAR debía estar tomando un café con leche, y el partido siguió como si nada.
Un error clamoroso, de esos que cambian ligas y estados de ánimo. Y tres días después, cuando aún estamos limpiándonos la sangre del ojo, la Federación le regala la final. Es como si el alumno que suspende todas te lo ponen de director del colegio.
El CTA, la Liga, la Federación… la burla del fútbol
¿Y qué prisa había, señores de la Federación? ¿No podían esperar una semana, dos, o al menos hasta que dejara de oler a chamusquina el asunto? No, porque aquí lo que importa es mandar un mensaje: “Nosotros ponemos a quien nos da la gana, y si encima es el que acaba de cargarse a un grande, mejor que mejor”.
Es la versión futbolera del “porque lo digo yo”. Una bofetada con guante blanco, pero bofetada al fin, al Real Madrid, a su afición y a cualquier persona que crea que esto del arbitraje va de justicia. Va de poder, amigo, va de decir “estamos por encima del césped, del VAR y del sentido común”.
Lo más sangrante no es el error, que también, sino la impunidad con la que se premia al error. En cualquier otro trabajo, si usted la lía tan gorda que hasta las teles extranjeras se ríen, no le ascienden a dirigir la final de Copa.
Aquí no: aquí le dan un abrazo, una palmadita en la espalda y un silbato para el gran día. El CTA y la Federación se ríen del fútbol, se ríen de los 40.000 espectadores que pagarán su entrada, se ríen de los millones que ven el partido en el mundo. Nos toman por idiotas, y encima esperan que les aplaudamos. Pues no, caballeros: esto es una tomadura de pelo con ínfulas de órdago.
El único protagonista
Al Real Madrid, en concreto, le están diciendo bien claro: “Ustedes pueden quejarse, pueden poner vídeos, pueden pedir explicaciones, pero al final aquí el que manda soy yo”. Porque si no, ¿cómo se explica que tres días después de un atraco arbitral en toda regla, el mismo atracador sea el elegido para la foto más grande?
Es una provocación, un “mira, te voy a poner al que te hizo daño para que lo beses”. Y el madridismo, que tiene memoria de elefante, no va a olvidar esta jugada cuando el balón eche a rodar en La Cartuja. Ya verán ustedes el ambiente que se va a liar, que no va a ser de confetis precisamente, aunque el Madrid no estépor todo eso.
Así que ya saben, amiguitos del fútbol: prepárense para la final. Atlético de Madrid y Real Sociedad definirán el título, pero ya tenemos al protagonista absoluto. Un árbitro que necesita unas gafas de buceo para ver un penalti, ungido por una Federación que vive en su propio mundo de piruletas. Y mientras tanto, la afición, a tragar y a pagar la entrada. Porque aquí el espectáculo no es el fútbol, señoras y señores: el espectáculo es la caradura de los que lo dirigen. Que ruede el balón y la vergüenza, que Alberola Rojas ya tiene su final.






