
La costurera que sobrevivió a los héroes
Por Rafa Junco ()
Madrid.- La expedición plantó una bandera británica en la isla de Wrangel. El testimonio que realmente sobrevivió fue el diario de la mujer contratada para coserles la ropa. Ada Blackjack tenía 23 años cuando partió de Alaska en 1921. Su marido la había abandonado, su hijo tenía tuberculosis y ella necesitaba dinero. Aceptó cincuenta dólares al mes para cocinar y coser en el Ártico. No sabía que sería la única que volvería con vida.
La expedición era un plan absurdo ideado por el explorador Vilhjalmur Stefansson, que se quedó en casa mientras enviaba a cuatro hombres a reclamar una isla para el Imperio británico. Llevaban provisiones justas porque Stefansson creía que la caza los mantendría. La caza no apareció. El barco de abastecimiento tampoco. Cuando llegó el segundo invierno, la comida se acabó y uno de ellos, Lorne Knight, enfermó de escorbuto.
En enero de 1923, los otros tres hombres salieron con los perros a buscar ayuda. Nunca regresaron. Ada se quedó sola con Knight, enfermo e inmóvil. Y con la gata Vic, que era la única compañía que no esperaba nada de ella. Ada no sabía cazar ni disparar. Aprendió. Con una escopeta vieja y una lata de té como diana, se convirtió en la cazadora que la expedición no había previsto.

Durante meses, Ada cuidó a Knight, cazó aves, pescó y se enfrentó a osos polares. Su diario no habla de hazañas, habla de hambre, de frío, de la ropa que cosía y de la preocupación por su hijo. Cuando Knight murió, lo cubrió con cajas para protegerlo de los animales y siguió sola. Ocho semanas después, un barco llegó para rescatarlos. De los cinco expedicionarios, solo Ada estaba viva.
Los periódicos la llamaron la «Robinson Crusoe del Ártico», pero ella no era una heroína de novela. Era una madre que había aceptado un trabajo desesperado. Stefansson y otros se disputaron sus diarios y su historia, y ella apenas recibió el dinero que le prometieron. Pero consiguió salvar a su hijo. Ada Blackjack no conquistó ninguna isla ni plantó ninguna bandera. Solo sobrevivió a un plan de hombres que creían saberlo todo y que, cuando todo falló, fueron sus manos de costurera las que mantuvieron la historia viva.






