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Por Tania Tasé ()

Berlín.- He estado en contacto con familiares de personas detenidas durante las recientes protestas. En todos los casos, son ellos los que se han comunicado conmigo.

Con todas las dificultades de comunicación por la pésima conexión a Internet que hay en Cuba, me han contado sus historias.

Empiezan pidiendo ayuda para denunciar y luego entran en pánico y me piden que no lo haga. Luego de horas y días reuniendo todos los datos, cuando está listo el post, me exigen silencio.

Yo respeto sus decisiones, porque entiendo su miedo.

La experiencia de todos estos años de dictadura es que el silencio no ayuda, todo lo contrario: desprotege a los presos.

Y me surgen muchas preguntas: con quién es mi deber? Con las familias o con los presos?

Cómo puedo saber lo que desean realmente los detenidos si no tengo comunicación con ellos.

Los familiares no deben temer que yo revele lo que me han dicho confidencialmente. No lo haré.

Pero no me siento bien con eso. Y sé también que no soy la única activista que pasa por eso.

Cada día de silencio empeora su situación. Y luego, cuando los trasladan a las prisiones, se hace aún más difícil ayudarlos.

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