La dictadura convierte un parque solar en otra campaña de propaganda

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Por Yeison Derulo

Guantánamo.- La propaganda ya encontró nuevos héroes. Esta vez no llevan capa; llevan casco, laptop y un montón de horas extras intentando descifrar una tecnología china que los inversionistas extranjeros dejaron botada. La prensa oficial presenta la historia casi al nivel de una película de acción: jóvenes ingenieros enfrentándose a un sistema desconocido, programando día y noche hasta lograr sincronizar el primer inversor. Hollywood se queda corto.

La parte divertida aparece cuando uno se pregunta la razón del abandono de los inversionistas. Ese detalle desapareció del relato con una rapidez admirable. Lo importante era vender la épica del sacrificio. Al final, los muchachos resolvieron el problema y ahora la dictadura podrá colgarse otra medalla ajena, una especialidad que domina desde hace más de seis décadas.

El parque fotovoltaico El Algarrobo promete aliviar los apagones diurnos en Guantánamo. La promesa suena conocida. Hace apenas unos meses también anunciaban parques solares, nuevas termoeléctricas, barcos cargados de combustible y un sistema eléctrico casi renacido. El cubano aprendió hace tiempo que los discursos generan mucha más energía que la red nacional.

Hablan, además, de un aporte equivalente al 25 % de la demanda provincial. Traducido al idioma de la calle, eso significa que el apagón seguirá llegando puntual a la cita, solo que tal vez aparezca un poco más tarde si las nubes deciden colaborar. La planificación energética nacional parece depender tanto del sol que ya solo falta pedirle un favor al pronóstico del tiempo.

Nadie discute el mérito de esos jóvenes ingenieros. Al contrario, merecen reconocimiento. Lo verdaderamente ridículo es ver a un régimen celebrando un parque solar de 21,8 megavatios tras convertir una potencia energética en un país donde tener electricidad durante todo el día ya parece un lujo.

La verdadera sincronización que esperan los cubanos no es la de los inversores; es la del final de un sistema que lleva décadas funcionando al revés.

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