La Juana de Arco que no quería serlo

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- En 1918, una adolescente armenia llegó a un estudio de California para hacer algo difícil de imaginar: interpretar ante una cámara los episodios que había sobrevivido pocos años antes. Se llamaba Aurora Mardiganian. Había nacido en una familia acomodada del Imperio otomano.

Cuando comenzaron las deportaciones y matanzas de 1915, tenía catorce años. Su familia se desintegró en la persecución, y ella quedó atrapada en un recorrido de cautiverio, desplazamientos y fugas que duró más de dos años. Fue comprada, retenida, escapó, fue capturada de nuevo. Sobrevivió para contarlo.

Su testimonio llegó a Estados Unidos y un guionista lo convirtió en libro. El título era Ravished Armenia. En la portada ya aparecía el nombre con el que sería conocida: Aurora Mardiganian. El libro fue un éxito, y Hollywood, como siempre, quiso la película. Aurora interpretaría a Aurora. La superviviente adolescente debía volver a representar deportaciones, ataques, cautiverio y pérdida familiar ante decorados y cámaras. Durante el rodaje sufrió lesiones físicas y un desgaste emocional que no se veía en el celuloide.

Dos veces sobreviviente

La película se estrenó en 1919 y fue un éxito de taquilla y de conciencia. Aurora pasó a ser presentada como un símbolo viviente de la tragedia armenia, la «Juana de Arco armenia». Viajaba, aparecía ante espectadores, recaudaba fondos. Hasta que dejó de poder hacerlo. Sufrió una crisis emocional tan grave que se negó a continuar. Sus responsables contrataron a jóvenes que se parecían a ella para que ocuparan su lugar durante parte de la gira. Aurora se apartó de aquella vida pública. Más tarde reclamó judicialmente el dinero que le debían.

Se estableció en California, se casó, tuvo un hijo. Décadas después volvió a contar su historia ante entrevistadores. De la película que la hizo famosa no sobrevivió una copia completa; solo quedaron fragmentos. Aurora Mardiganian murió en Los Ángeles en 1994, a los 93 años. Había sobrevivido primero para poder contar lo ocurrido. Después tuvo que sobrevivir también a lo que ocurrió cuando el mundo convirtió su sufrimiento en libro, en película, en campaña humanitaria y en espectáculo público.

Durante unos años millones conocieron su rostro. Luego, durante décadas, casi nadie recordó a la mujer que había detrás de él. Aurora Mardiganian no fue una heroína de película. Fue una chica que vivió el infierno, lo contó, y luego el mundo decidió que su dolor era demasiado incómodo para seguir mirándolo. Y ella, que había sobrevivido a todo, tuvo que sobrevivir también al olvido.

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