Marco Rubio y Cuba: ¿presión hacia la democracia o más sufrimiento para la población?

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Las declaraciones de Marco Rubio sobre Cuba revelan una estrategia de presión prolongada contra el Gobierno cubano. En una entrevista con Axios, el secretario de Estado estadounidense dijo que Washington intenta demostrarle al régimen que “no hay vías de escape”.

Rubio añadió que, cada vez que las autoridades cubanas creen un mecanismo para evadir la presión, Estados Unidos intentará cerrarlo. También afirmó que la política no desaparecerá durante los próximos dos años y medio y expresó su confianza en que, al terminar la Administración Trump, Cuba se encuentre “en una trayectoria irreversible hacia un futuro diferente”. Axios

La estrategia de Rubio: asfixiar las vías de supervivencia del régimen

Según Axios, la Administración estadounidense ha aplicado aproximadamente dos docenas de medidas contra Cuba desde el año pasado. La ofensiva incluye sanciones contra entidades estatales, funcionarios, empresas vinculadas al aparato militar y sectores relacionados con el combustible, las finanzas, la minería y las misiones médicas.

La lógica de Washington parece clara: cortar las fuentes de ingresos del Gobierno cubano, impedir que sus empresas encuentren nuevos socios y obligarlo a aceptar reformas económicas y políticas.

Rubio sostiene que Cuba ha sobrevivido durante décadas gracias a patrocinadores extranjeros. Primero fue la Unión Soviética y después Venezuela. Desde su perspectiva, la desaparición de esos apoyos y la renovada atención de Estados Unidos han colocado al régimen en una situación excepcionalmente vulnerable.

Pero esa explicación tiene un límite. Cuba no es solamente un tablero geopolítico. Es un país habitado por millones de personas que necesitan electricidad, alimentos, medicinas, transporte y salarios dignos.

Estados Unidos no es un actor neutral

El deseo de ver desaparecer la dictadura cubana no obliga a considerar positiva cada acción de Washington. Estados Unidos es una potencia extranjera que actúa de acuerdo con sus propios intereses de seguridad, influencia regional y política interna.

Su presión puede debilitar a la élite gobernante, especialmente si afecta a estructuras como GAESA y a los funcionarios que controlan los recursos nacionales. Sin embargo, también puede provocar efectos inmediatos sobre la población si restringe el combustible, encarece los alimentos o dificulta las operaciones financieras.

Para la Cuba de a pie, una sanción solo puede considerarse útil si golpea realmente a quienes ejercen el poder y, al mismo tiempo, protege a los ciudadanos. Si produce más apagones, escasez y emigración, su resultado inmediato no es la libertad, sino un aumento del sufrimiento.

La propia información citada por Axios muestra una contradicción: mientras empresas extranjeras abandonan determinados negocios, compañías estadounidenses comienzan a ocupar espacios en el mercado del combustible. Eso puede abrir oportunidades para el sector privado cubano, pero también puede crear una nueva dependencia económica si el futuro del país queda subordinado a decisiones tomadas fuera de la isla.

Qué enseña De la dictadura a la democracia

El manual De la dictadura a la democracia, de Gene Sharp, ayuda a mirar esta estrategia con mayor realismo. Su idea principal es que una dictadura no desaparece simplemente porque una potencia extranjera la sancione o la presione. El cambio sostenible depende de la capacidad de la sociedad para retirar su cooperación al poder autoritario, organizarse y construir instituciones nuevas.

Desde esa perspectiva, las sanciones externas pueden crear presión, pero no sustituyen a la ciudadanía cubana. Tampoco garantizan elecciones libres, Estado de derecho ni respeto a los derechos humanos.

La pregunta decisiva es quién protagonizará la transición. Si el cambio se negocia únicamente entre Washington y sectores de la actual élite, Cuba podría pasar de una dictadura militarizada a un sistema controlado por nuevos grupos de poder. Cambiar los nombres no sería suficiente.

Una transición democrática debería incluir a la sociedad civil, los opositores, los trabajadores, los emprendedores, los exiliados y, sobre todo, a los ciudadanos que permanecen dentro de Cuba.

¿Puede beneficiar esta estrategia a los cubanos?

Sí, pero solo bajo determinadas condiciones. La presión estadounidense podría contribuir a reducir los recursos del aparato represivo, limitar el control económico de las empresas militares, abrir espacio para negocios privados independientes, obligar al Gobierno a aceptar reformas y estimular divisiones dentro de la élite gobernante.

Pero también podría agravar la crisis humanitaria, facilitar que el régimen culpe a Estados Unidos de todos los problemas, aumentar la dependencia de actores extranjeros, perjudicar a pequeños negocios y familias y provocar una transición controlada por antiguos funcionarios.

Por eso, el éxito no debe medirse por la cantidad de sanciones impuestas, sino por sus efectos concretos en la vida de los cubanos y por la creación de espacios reales de participación política.

Una oportunidad, pero no una garantía

Marco Rubio habla de paciencia y persistencia. En eso hay una advertencia importante: no parece estar prometiendo una caída inmediata del Gobierno cubano ni una intervención militar inminente. Habla de una campaña prolongada, de presión económica y de un futuro diferente.

Sin embargo, “irreversible” no significa automáticamente democrático. Un cambio puede ser irreversible y terminar en otra forma de autoritarismo, en una oligarquía económica o en una tutela extranjera.

Los cubanos tienen razones para desear el fin de la dictadura. Pero también tienen derecho a decidir qué país quieren construir después. La libertad no debe consistir únicamente en cambiar de protector extranjero o de grupo dominante.

El cambio que necesita Cuba debe acabar con el control absoluto del Partido Comunista, desmontar el poder económico de la élite militar y abrir el camino a elecciones libres, derechos civiles, prensa independiente y propiedad privada. Pero ese proceso debe tener como centro a la sociedad cubana.

La presión externa puede ayudar a abrir una puerta. Cruzarla y construir una democracia dependerá, finalmente, de los cubanos.

Fuente de contexto: De la dictadura a la democracia, de Gene Sharp.

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