
Cuba, el país donde el crimen es un secreto de Estado
Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Hay un país del que no se habla en la televisión cubana. Un país donde los asaltos ocurren a plena luz del día, donde los ladrones entran a las casas a plena tarde, donde los ancianos son golpeados por un celular, donde las mujeres son violadas en sus propios portales. Ese país existe. Es Cuba. Y el gobierno que lo gobierna hace como si no existiera. Porque de eso se trata: de que no se sepa, de que no se hable, de que no se vea. El silencio oficial es la cortina de humo perfecta para tapar lo que todos los cubanos saben: que la delincuencia se desbordó, que ya no hay barrio seguro, que la vida vale menos que un par de tenis.
Los medios gubernamentales, esos que dedican horas a hablar de la «resistencia creativa» y de los «logros de la Revolución», no dicen una palabra. No hay titulares sobre el asaltante que mató a un chofer de bicitaxi por un celular. No hay reportajes sobre la banda que desvalijó una casa en Centro Habana mientras la familia dormía. No hay estadísticas de homicidios ni de feminicidios, porque en Cuba no hay ni lo uno ni lo otro: hay «hechos aislados», «problemas sociales», «casos en investigación». El gobierno se lava las manos. Como Poncio Pilatos (https://www.youtube.com/watch?v=9ahfHBITbPo). Como si la inseguridad fuera un fenómeno natural, una plaga divina, algo que llega de fuera y no tiene nada que ver con el sistema que ha empobrecido a todo un país.
Las redes desnudan al castrismo
Pero las redes sociales no perdonan. Cada día aparecen videos. Escenas grotescas. Asaltos filmados por cámaras de seguridad, por vecinos, por las propias víctimas. Un hombre que forcejea con un ladrón en un cruce del Vedado. Una mujer que grita mientras le arrancan la cartera en Centro Habana. Un anciano que cae al suelo después de que dos muchachones le quitan el reloj. Un joven asesinado a puñaladas por una deuda de quinientos pesos. Esa es la Cuba real. La que no sale en el Noticiero. La que desmonta la farsa del país tranquilo, pacífico, solidario.
Páginas como Nio Reportando un Crimen (https://www.facebook.com/profile.php?id=61559784217848) y Alas Tensas (https://www.facebook.com/AlasTensasCuba) se han convertido en la única fuente de información veraz sobre lo que pasa en la isla. Son el contrapeso al silencio oficial. Son el espejo donde el régimen no quiere mirarse.

Mientras tanto, la policía y los encargados de aplicar la ley tienen otras prioridades. Perseguir a los que pintan letreros. Detener a los que gritan consignas. Encarcelar a los que piensan distinto. Para eso sí hay agentes, patrullas, recursos, tiempo. Para eso sí madrugan. Pero para atrapar a un ladrón, para investigar un asesinato, para proteger a un ciudadano, no hay nadie. La impunidad es total. El mensaje es claro: si te roban, te aguantas. Si te matan, te aguantas. Pero si protestas, si escribes, si denuncias al gobierno, ahí sí te caen encima con todo el peso de la ley. La ley que no existe para los delincuentes, pero sí para los disidentes.
A punto de linchamientos
Cuba se acerca cada día más a lo que es Haití. O a lo que fue El Salvador antes de Bukele. Un país donde las pandillas controlan barrios, donde la gente paga por su seguridad, donde la violencia se convierte en la forma normal de resolver cualquier conflicto. No hay un municipio ajeno a los videos de personas que atrapan a ladrones y asaltantes. En Pinar del Río, en Santa Clara, en Camagüey, en Santiago. La gente ya no confía en la policía. La gente se organiza como puede. Y en cualquier momento, esa organización espontánea puede dar paso a un linchamiento. Si es que no ha ocurrido ya, en silencio, en algún barrio olvidado donde nadie grabó nada.

El castrismo ha llevado a Cuba a esto. Un país donde el crimen es un secreto de Estado. Donde la violencia se esconde bajo la alfombra. Donde el gobierno mira para otro lado mientras el pueblo se desangra. Porque el enemigo no es el ladrón que te roba el celular. El enemigo es el que protesta. El que denuncia. El que no se calla. Y mientras la cúpula sigue con sus discursos de resistencia y sacrificio, el pueblo sigue resistiendo lo irresisible: la inseguridad, el miedo, la muerte. Eso sí que es resistencia. Y no la piden ellos. La imponen ellos.



















