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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- En los regímenes totalitarios, el nepotismo carece de toda significación. De hecho, en muchos de ellos ni siquiera se menciona. En Cuba, por ejemplo, usted puede preguntarle a cualquier ciudadano qué significa esa palabra y me atrevo a asegurar que la gran mayoría no sabrá responder. El nepotismo no se castiga porque, sencillamente, el régimen funciona sobre la base de un nepotismo ideológico.

Antes de continuar, conviene explicar su significado. El nepotismo es el uso de un cargo público o de una posición de poder para otorgar empleos, contratos o favores a familiares o personas cercanas. Esta práctica desprecia el talento, la capacidad y los méritos individuales, y pone al descubierto que, en Cuba, socialismo y favoritismo terminan siendo, en la práctica, una misma cosa.

En la Cuba republicana existía la llamada botella: personas que figuraban en la nómina de una institución estatal y cobraban un salario sin trabajar. En la Cuba actual el concepto ha cambiado, pero la esencia continúa siendo la misma. Quien mantiene vínculos con la cúpula gobernante tiene abiertas las puertas para ocupar cargos de importancia, incluso llegar a ser ministro del régimen.

El nepotismo es reprobable, menos en Cuba

Las posibilidades de prosperar son inmensas para quien cuenta con esas relaciones, en comparación con quien intenta avanzar únicamente por su esfuerzo, preparación y capacidad. Si no tiene vínculos con los dirigentes del Estado, está condenado a encontrar un techo muy bajo para sus aspiraciones. Como dice el refrán popular: no llega ni a ayudante de carbonería.

En cualquier democracia, el nepotismo constituye una conducta reprobable y, cuando implica el uso del poder público para beneficiar a familiares o allegados, puede incluso tener consecuencias legales. En Cuba, según mi criterio, ocurre exactamente lo contrario. Si usted no es afín al régimen, difícilmente podrá desarrollar un proyecto, emprender un negocio o acceder a responsabilidades de relevancia, por modestas que sean.

El nepotismo en Cuba no es una excepción ni una desviación del sistema; está institucionalizado. Se ha convertido en uno de los mecanismos más eficaces para concentrar el poder, distribuir privilegios y mantener el control político sobre las fuerzas productivas del país.

En Cuba sin nepotismo el régimen no funciona, porque una de las herramientas más eficaces del régimen, es el nepotismo.

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