
La ONU busca combustible para Cuba, aunque el verdadero apagón sigue estando en el Palacio de la Revolución
Por Jorge Sotero
La Habana.- Las Naciones Unidas han confirmado contactos con varios países dispuestos a suministrar combustible a Cuba tras los prolongados apagones registrados en los últimos días. El secretario general, António Guterres, mantiene gestiones de carácter humanitario con el objetivo de aliviar una crisis energética que continúa golpeando a millones de cubanos.
Su portavoz adjunto, Farhan Haq, explicó que ya existen conversaciones con distintos gobiernos interesados en colaborar. Incluso recordó que meses atrás fue posible garantizar pequeñas cantidades de combustible, una ayuda que ahora intentan ampliar ante el agravamiento de la situación.
La reacción del régimen no tardó en llegar. El canciller Bruno Rodríguez volvió a señalar al embargo estadounidense y responsabilizó a Washington de cada una de las fallas del Sistema Electroenergético Nacional.
Según su versión, las restricciones impiden adquirir combustible, piezas de repuesto, financiamiento internacional y asistencia técnica.
Ese discurso vuelve a repetirse sin ofrecer una sola explicación sobre décadas de abandono, inversiones fallidas y una administración incapaz de garantizar un servicio básico. Culpar exclusivamente a factores externos resulta cada vez más difícil de sostener frente a una población que lleva años soportando apagones interminables, termoeléctricas colapsadas y promesas incumplidas.
La crisis eléctrica no apareció de un día para otro. Las principales centrales generadoras acumulan décadas de explotación, el mantenimiento ha sido insuficiente y las decisiones económicas del propio Gobierno terminaron debilitando aún más un sistema que hoy funciona al borde del colapso. Ninguna declaración diplomática consigue ocultar esa realidad.
El llamado de la ONU evidencia la gravedad del escenario. Una organización internacional busca combustible para un país que alguna vez presumió de contar con uno de los sistemas energéticos más sólidos de la región. La imagen resulta demoledora.
La ayuda humanitaria puede aliviar temporalmente la falta de generación eléctrica. Sin embargo, ningún barco cargado de combustible resolverá el problema de fondo. Sin planificación, sin inversiones eficientes, sin transparencia y sin una gestión responsable de los recursos públicos, cualquier alivio terminará siendo pasajero.
La dictadura insiste en presentar cada crisis nacional bajo el mismo argumento. La población, en cambio, observa otra realidad desde la oscuridad de sus viviendas. Los alimentos se echan a perder, los hospitales trabajan con enormes limitaciones, los negocios privados reducen sus operaciones y miles de familias pasan noches enteras sin electricidad.
La ONU intenta evitar que la situación humanitaria siga deteriorándose. El castrismo, fiel a su costumbre, aprovecha la ocasión para reforzar un relato político que ya convence a muy pocos. Los cubanos no necesitan nuevas consignas; necesitan un sistema eléctrico que funcione y dirigentes capaces de asumir responsabilidades en lugar de buscar culpables fuera de sus fronteras.






