
Comenzó el desfile
Por Yeison Derulo
Santo Domingo.- Hace unos días lanzamos una pregunta en estas páginas: ¿cuántos deportistas cubanos se quedarían en República Dominicana durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe?Bueno, ya no hay que esperar mucho para empezar a contar. El desfile arrancó.
El primero, según reportes, habría sido el portero de hockey sobre césped Moisés David Torres Puig. Ni siquiera hubo que esperar al inicio oficial de la competencia. Antes de que se encendiera la llama de los Juegos, el muchacho ya estaba pensando en encender otra: la de su propia libertad.
La historia de la escapada es como sigue. Torres Puig aprovechó un partido de exhibición del equipo femenino para ejecutar el plan. Inventó que había recibido un pelotazo durante un entrenamiento, pidió hielo, hizo creer a los responsables de la delegación que iba a botarlo y, cuando tuvo la oportunidad, desapareció. Afuera lo esperaba otra persona. Se cambiaron de ropa, caminaron unos metros y terminaron subiéndose a un Uber.
Así de simple.
No hizo falta un túnel, ni una lancha rápida, ni una persecución de Hollywood. Bastó una bolsa de hielo y las ganas inmensas de no regresar a Cuba.
Mientras el Comité Organizador asegura desconocer lo ocurrido, nadie ha salido desde La Habana a explicar por qué un atleta, que supuestamente iba a representar orgullosamente a su país, decide abandonar la delegación antes incluso de competir.
Pero la respuesta la conocemos todos. Porque esto ya dejó de ser una noticia aislada para convertirse en costumbre.
Hace apenas unos días, nueve de los doce integrantes del equipo cubano de canotaje aprovecharon una concentración en Montreal para hacer exactamente lo mismo. Nueve. Casi el equipo completo. Y ahora aparece el primer desertor de los Juegos Centroamericanos cuando todavía ni han cogido ritmo las competencias.
Después dirán que el bloqueo.
Lo verdaderamente alarmante para el régimen no es que se escape un portero de hockey. Lo preocupante es que cada vez resulta más difícil encontrar cubanos dispuestos a regresar voluntariamente a un país donde el salario no alcanza, la comida desapareció de los mercados y la esperanza hace rato hizo las maletas.
Cada delegación deportiva que sale de Cuba viaja con un rival adicional. No compite solamente contra México, Colombia o República Dominicana. También compite contra el deseo de sus propios atletas de cambiar de vida.
Por eso los vigilan tanto. Por eso viajan con funcionarios que parecen custodios. Por eso cualquier salida al hotel, al comedor o al entrenamiento termina convertida en una operación de seguridad.
Y ni así pueden evitarlo.
La dictadura lleva décadas vendiendo cada medalla como un triunfo del socialismo. Lo que nunca enseña son las medallas que se quedan vacías porque quienes las podían ganar prefieren apostar por su futuro, antes que seguir representando a un sistema que les exige sacrificio mientras otros viven como reyes.
No sé cuántos más se quedarán en República Dominicana. Sería irresponsable aventurar una cifra.
Lo que sí me atrevo a asegurar es que Moisés David Torres Puig difícilmente será el último nombre de esta lista.
Los Juegos apenas comienzan.
Y el desfile… también.






