
La utopía que nunca existió
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Hay veces que me vuelvo un loco intelectual tratando de entender las palabras filosóficas de Miguel Díaz-Canel. Escuchen esto: “La utopía está en el horizonte, y cuando caminamos para alcanzarla, se mueve diez pasos más hacia adelante y nunca la podemos alcanzar.” ¿Bonito, verdad?
A mi juicio, esta es una de las afirmaciones más absurdas que he escuchado en mucho tiempo, porque aparentemente quien la pronuncia no comprende el significado de la palabra utopía (https://www.facebook.com/reel/1000211582848995). La comparación entre la utopía y el horizonte es, en realidad, bastante simple: ninguno de los dos puede alcanzarse. Esa es precisamente la esencia de la metáfora.
Cuando era niño, los viejos decían: “Si logras juntar las dos puntas de un arcoíris, serás el hombre más afortunado del mundo, porque eso ningún ser humano lo ha conseguido.” Era una manera sencilla de explicar lo imposible.
La utopía describe una sociedad o un sistema ideal, perfecto e inalcanzable, que sirve como referencia o inspiración. Etimológicamente proviene del griego y significa “no lugar” o “el lugar que no existe”. Entonces, ¿de cuál utopía está hablando Díaz-Canel?
El objetivo imposible de su causa
Paradójicamente, con esa frase parece admitir que la llamada Revolución Cubana persigue un objetivo imposible. Si la revolución es una utopía, entonces es como arar en el mar, intentar alcanzar el cielo sin alas o lanzarse a un abismo esperando que la gravedad deje de existir. En síntesis, es la búsqueda permanente de algo que, por definición, nunca podrá encontrarse.
Después de más de seis décadas de promesas incumplidas, la realidad demuestra que el régimen sigue persiguiendo una quimera. Mientras habla de ideales inalcanzables, el pueblo cubano enfrenta la escasez, la pobreza, la emigración masiva y la desesperanza.
El régimen cubano busca la quimera de oro, pero lo único que ha encontrado —y sigue encontrando— es pobreza, desolación y tristeza.
Canel, coño, lee antes de hablar, porque para hablar mierdas, no hace falta estudiar.






