La moto de Schrödinger, el Cangrejo y el tiempo que no me queda

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Por Javier Bobadilla ()

La Habana.- Esto es lo que queda de mi vida con moto: un casco abiertamente subversivo, y un cargador de carga rápida de 72V y 5A.

Después, lógicamente, voy a hablar del Cangrejo, pero primero tengo que desahogarme.

El cargador lo estoy vendiendo en $40. Tiene todas las protecciones contra altos voltajes, bajos voltajes, temperatura, etc. Funciona en 110V y 220V. Lo compré como cargador de repuesto unos días antes del incidente, porque el otro empezó a fallar. Nunca llegó a usarse. Interesados al privado.

El casco no pienso venderlo. Fue un regalo de mi tío Edgar, antes de partir a España. Se salvó de milagro porque no cabía en el maletero junto con otro casco, así que con la moto se fueron dos cascos de los baratos, que eran los de salir de noche.

Se salvó también el casco de trabajar. Si este es americano, aquel es japonés, ilustrado de máscaras de demonios y flores del ciruelo. Pero ese nunca lo dejaba en la moto.

En Japón, las flores del ciruelo en ramas sin hojas hablan de florecer en invierno, de florecer primero, de florecer en la adversidad. El rostro de demonio habla de la protección divina. Mordiendo un cuchillo tantō, del mal haciendo el trabajo del bien, de la ferocidad doblegándose al honor.

Mi moto, aparentemente —según la policía y el dueño del parqueo, Enrique Parra, capitán retirado de la PNR—, no se la robaron. Desapareció. Sufrió una disociación a nivel molecular. Entró en el parqueo de Vapor entre Espada y Hospital el jueves por la tarde, y hasta el sábado por la mañana estuvo y no estuvo, según al parqueador que se le pregunte. Como la moto de Schrödinger. Colapsó, y ahora está en el espacio hexadimensional de Calabi-Yau. En un parqueo chiquito y rectangular, con una sola puerta cerrada con candado por dentro, y con un parqueador sentado al lado de la puerta las 24 horas. El mismo parqueo —con el mismo dueño— donde estoy parqueando la moto desde que me la compré en 2019.

Yo no seré un especialista, pero si algo sé de física, es que esa pinga no pasa en un parqueo en la Tierra, a temperatura y presión estándar.

¿Se acuerdan de hace un par de años, cuando me robaron el teléfono saliendo de ESE MISMO parqueo?

¿Se acuerdan de que la estación de Zanja era poco menos que una OFICODA?

Ahora es una guarapera. No se hace el más mínimo intento de aparentar. Primero trataron de convencerme de que yo nunca había tenido moto; después, de que el parqueo no existía. Finalmente, a la 1 de la madrugada, después de 14 horas de espera, una especie de autómata humana lobotomizada me llamó a una oficina y, en una hoja recuperada, me tomó la declaración, para posteriormente limpiarse el culo con ella.

Enrique Parra, que está amasando la pelota con el parqueo y con la carga de las motos, decidió ágilmente lavarse las manos, porque según él no pasó ni el jueves ni el viernes por el parqueo. Sus dos secuaces siguen trabajando ahí en días alternos, como si nada hubiera pasado. Yo entiendo que eso lo haga un desconocido, porque siempre hemos vivido por la ley del más fuerte, pero que lo haga un tipo que ves todos los días, que habla contigo todos los días, al cual le has resuelto problemas una pila de veces, del cual eres cliente hace 7 años sin un fallo ni un pero a la hora de pagar, es un nivel de infamia al cual raramente me veo expuesto.

No aspiro a recuperar la moto. Llevo toda mi vida en Cayo Hueso, y sé que todo el mundo sabe todo lo que pasa en la vida de los demás, incluso antes de que los demás se enteren. Sé que tiene que haber sido con nombre y apellido, porque en ese parqueo, lleno de motos hasta el tope —algunas nuevas de paquete—, no tiene sentido ir hasta el mismísimo fondo y quitar dos bicitaxis del medio para llevarse la más sucia y oxidada de todas.

En fin, la miseria engendra miserables.

Pasando al Cangrejo…

Raúl Guillermo me recuerda mucho a Nerón. Pronto vendrá alguien a apoyar la narrativa de que es un capitalista y que no le importa la política, que es el hombre perfecto para Cuba. No duden que ese alguien venga de los EE.UU. A Trump se le acaba el tiempo, y a última hora querrá vender una victoria en Cuba, pero sin haber hecho nada. El Cangrejo será la excusa perfecta.

Tampoco es un capitalista. Es vulgarmente feudal. No es Lee Kuan Yew, el dictador que convirtió a Singapur, de infierno, en uno de los Tigres Asiáticos. No tiene otro plan que no sea conservar el poder familiar. Y lo tiene escrito en la cara. Para él, el Poder, como lo ejercía Fidel, está fuera de su alcance. No tiene nada más allá de haber sido el guardaespaldas de su abuelo. Ha sido aprendiz de uno que no tenía nada que enseñar, que mantuvo un poder heredado a fuerza de ser discreto y mantener el perfil bajo. Y entonces decide romper con lo aprendido…

La segunda generación de esa familia fue de gente reprimida hasta la médula. La tercera, bueno… ¿Conociste a Sandro Castro? ¿Estás conociendo a Raúl Guillermo Rodríguez Castro? ¿No te has encontrado a Gabriela Gutiérrez Castro en el Vedado por la madrugada, borracha y algo más?

¿Qué te vas a esperar de la familia de un hombre que, tratando de construir un heredero, enloqueció a su hijo hasta el suicidio?

El Cangrejo es Nerón. Heredará un reino que no entiende cómo se construyó, pero tampoco sabe cómo funciona. El Poder para él es tener unos almacenes muy grandes, donde todo el mundo tiene que ir a comprar para revender. Es el éxito en unos negocios donde la política, esa que supuestamente no le interesa, no deja que nadie más se meta para que no le hagan competencia. Así de simple. Lo demás funciona solo, sin mirarlo.

Él es el señor, tú eres el siervo. No vas a tener problemas con él mientras seas chiquito y él no te vea. Mírale bien la cara. Vas a tener todo el derecho de ser puta, siempre que él sea el chulo.

Ya yo estoy viejo, y no me sirve. Este septiembre cumpliré 47 años, y salud no me queda mucha. Supongamos que Trump cuadra. Los dos últimos años del segundo término de un presidente americano son los años más locos de su vida. Válgame Dios los de Trump, que empezó arriba.

Dos años de paz. Dos cruceros entrando al día. Petróleo por un tubo, corriente las 24 horas. Películas van y películas vienen. Pollo, aceite y detergente.

¿Y después?

Cumpliendo 50 años vuelve la incertidumbre. ¿El próximo presidente será republicano? ¿J.D. Vance o Marco Rubio?

Respecto a Cuba, J.D. Vance lo va a dejar todo como mismo se lo entregue Trump. Cuatro años más de paz. Después, incertidumbre de nuevo.

Marco Rubio va a desmantelar el acuerdo de Trump en el momento mismo de ser nombrado presidente. ¿Pero va a volver a las sanciones, o va a tirar el Tomahawk?

Con una batería de Tomahawks —ocho cohetes— se resuelve este problema; en Cuba todos lo sabemos. Allá parecen no entender.

¿Y un presidente demócrata? ¿Gavin Newsom, Alexandria Ocasio-Cortez? Poco probable, pero posible. Apertura total e incondicional hacia Cuba. Cierre total por parte de Cuba.

A esas alturas estaré llegando a los 60. Mi mamá estará llegando a los 80. Hoy, en el barrio hay más vendedores de químico que consumidores. Los robos de teléfonos y motos están fuera de escala. A la policía no le interesa. Lo único importante es mantener callado al que protesta.

Cuando tenga que volver a los apagones, a no saber qué voy a comer, a no tener agua, a no tener trabajo ni dinero, a saber que con la salud pública no se puede contar, pero sea un viejo cuidando a una vieja en medio de la selva hostil del Hombre Nuevo Depredador, tendré que convertirme en un monstruo para sobrevivir.

Este siempre ha sido un Estado Fallido. Ya no tengo tiempo para seguir esperando a un tipo que va a resolver los problemas que causó él mismo con la solución anterior. Nerón, hijastro de Claudio, que fue sobrino de Tiberio, que fue hijastro de Augusto el Primer Emperador, que fue sobrino nieto de César el Dictador, quiso ser un dios. No pasó de ser el subproducto final de su linaje decadente.

A los que hoy se sorprenden y se indignan porque el Cangrejo reclame su corona, les pregunto cómo no se indignaban cuando profesionales y científicos acataban sin chistar los delirios excéntricos de Fidel, o cuando los intelectuales dejaron de pensar para empezar a repetir, después de una reunión a punta de pistola.

A los que ven una posibilidad económica, les aclaro que Raúl Guillermo no es un ser humano. Es el último —y francamente, desesperado hasta lo patético— intento de GAESA por seguir con vida.

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