Venezuela y Cuba: cuando el amor verdadero no depende del petróleo

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Por Pablo Alfonso ()

Santiago de Chile.- Hay pueblos que la historia une por conveniencia. Y hay otros que quedan unidos para siempre por el respeto, la admiración y el sacrificio compartido. Cuba y Venezuela pertenecen a ese segundo grupo.

Mucho antes de que existieran el chavismo, el castrismo o cualquier alianza política, ya existía un puente construido por gigantes. El de Simón Bolívar y José Martí.

Cuando Martí llegó por primera vez a Venezuela, antes incluso de sacudirse el polvo del camino, quiso rendir homenaje al Libertador. No fue un gesto protocolar. Fue la expresión de un profundo respeto hacia el hombre que soñó con una América libre y unida. Aquella escena quedó grabada como símbolo de una hermandad que trascendía fronteras.

Durante décadas, Venezuela abrió sus brazos a miles de cubanos. Allí encontraron oportunidades artistas, músicos, médicos, empresarios, deportistas y trabajadores humildes que levantaron una nueva vida. Muchos hicieron de esa tierra su segundo hogar y aprendieron a quererla como propia. Venezuela no solo recibió a los cubanos; los abrazó.

Después llegó el chavismo

Muchos cubanos comprendieron muy pronto que aquella revolución se parecía demasiado a la que les había arrebatado su país. Huyeron antes de volver a vivir el mismo drama que habían dejado atrás en la isla.

Mientras tanto, el régimen cubano encontró en Venezuela algo mucho más valioso que un aliado político: encontró petróleo. Comenzó entonces el intercambio de médicos, maestros, entrenadores deportivos y asesores de toda índole. Oficialmente se hablaba de solidaridad. De integración. De hermandad entre dos revoluciones.

Pero con el paso del tiempo quedó la pregunta inevitable: ¿era solidaridad o era un negocio político sostenido por el petróleo venezolano?

Los recientes terremotos que golpearon a Venezuela dejaron al descubierto una realidad incómoda. En uno de los momentos de mayor angustia para el pueblo venezolano, la respuesta del régimen cubano fue limitada y tardía. Quedó la sensación de que aquella fraternidad proclamada durante años no tenía la misma fuerza cuando los intereses estratégicos cambiaban.

Porque el cariño auténtico se demuestra cuando el otro más lo necesita, no cuando conviene.
Los gobiernos pueden construir alianzas por intereses. Los pueblos, en cambio, construyen afectos mucho más difíciles de romper.

Cuba es su gente

Por eso conviene hacer una distinción que el régimen cubano ha intentado borrar durante décadas: Cuba no es su gobierno. Cuba es su gente.

Y los cubanos de bien seguimos sintiendo por Venezuela el mismo cariño de siempre. Un cariño que no depende de barriles de petróleo, de acuerdos políticos ni de beneficios económicos.

Los venezolanos deben saber que el afecto del pueblo cubano hacia ellos sigue intacto. Que sufrimos con cada tragedia que golpea a esa nación hermana. Que oramos por sus familias y por quienes hoy enfrentan el dolor y la incertidumbre.

Porque el amor verdadero no se compra, no se negocia y no se mide en petróleo.

Ese amor nació mucho antes que los regímenes y sobrevivirá mucho después de ellos. Y cuando Cuba vuelva a ser libre, los cubanos podremos abrazar nuevamente a Venezuela sin intermediarios, sin propaganda y sin intereses ocultos. Como dos pueblos hermanos que aprendieron, desde los tiempos de Bolívar y Martí, que la verdadera solidaridad nace del corazón.

Hoy, venezolanos, queremos decirles algo muy sencillo: no están solos. Nuestro corazón está con ustedes. Que Dios proteja a cada familia venezolana y les conceda la fuerza necesaria para levantarse una vez más. Porque el amor del pueblo cubano hacia Venezuela es limpio, sincero y permanente. Un amor que no necesita petróleo para existir, sino memoria, gratitud y esperanza.

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