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Por Alberto Reyes Pías ()

Esmeralda, Camagüey.- Llevamos años como esos roedores mascota a los que se les pone una rueda para que se entretengangirando, sin llegar nunca a ninguna parte. Llevamos años subsistiendo en círculos concéntricos hechos de discursos, marchas, plenos del Partido, resoluciones, reformas, contrarreformas… que no nos han llevado a ninguna parte, o tal vez sí, nos han llevado al agotamiento, a la miseria crónica, a la normalización de la supervivencia.

Y es que, en realidad, la solución que Cuba necesita no depende de leyes, ni de aperturas económicas, ni de reafirmaciones revolucionarias, ni del fin del embargo… la solución de Cuba se mueve entre el binomio poder y libertad.

De una parte están los que nos gobiernan desde enero de 1959, un grupo obsesionado por el poder hasta niveles patológicos, un grupo aferrado al poder al punto que no le importa en absoluto esa realidad llamada “pueblo”: ni su miseria, ni su hambre, ni sus aspiraciones, ni sus vidas. Sólo somos rehenes, gente a dominar ycontrolar, esclavos destinados a sostener un país de modo que ellos puedan exprimirlo y acumular bienes y una vida de privilegios desde la más absoluta y obscena impunidad.

De la otra parte, está un pueblo sin libertad, sin derechos, sin defensa.

Mis preguntas

¿Es tan difícil entender que la solución de Cuba tiene como raíz el cese de esta injusticia? ¿Es que no queda claro que lo que quiere este pueblo no es un “socialismo sostenible”, ni unas mejoras económicas bajo los auspicios del Partido Comunista? ¿No es evidente que lo que realmente queremos es el fin del sistema que nos ha sido impuesto y que no va a sacarnos de la miseria porque el único modo de hacerlo es dándole poder al ciudadano, y eso no va a ocurrir nunca bajo este sistema?

En realidad, es humillante cómo nos tratan, cómo despliegan con orgullo un poder autoritario cuando los tiempos les son favorables, y cómo fingen tender una mano salvadora cuando los tiempos les son adversos, una mano que parece tendida para sacarte del abismo de las aguas en las que ellos mismos te han sumergido, pero es una mano que nunca llega a salvarte.

Es irónico cómo les hemos creído una y otra vez el mantra pacificador de “pronto estaremos mejor”, y es que la situación se ha vuelto tan desesperante, estamos tan agobiados en este infierno de supervivencia, que somos capaces de aferrarnos a cualquier esperanza, incluso viniendo de los que nos han sumergido en la nada y nos han demostrado una y otra vez que sus promesas son vacías.

No, la solución no está en liberar la economía sino en liberar al ciudadano. La solución no está en preservar el sistema sino en cambiar el sistema. La solución no está en una nueva generación de líderes marxistas sino en la sustitución del marxismo por una democracia real que permita el poder real del pueblo y el florecimiento de la libertad y la pluralidad política.

Las economías florecen cuando el ciudadano es libre para crear riqueza. La cultura florece cuando el ciudadano es libre para expresar lo que siente. La democracia florece cuando el ciudadano es libre para asociarse y hacer propuestas al resto de la sociedad.

Por eso, nuestro problema es un problema de libertad. No nos faltan ideas, ni energía, ni capacidad… nos falta la libertad que permite que todo eso dé fruto.

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