Tsunami: el rescatado que pasó a rescatar

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Antes de aprender a encontrar sobrevivientes, Tsunami necesitó que alguien lo encontrara a él. Apareció desnutrido, con el lomo marcado por el abandono y el maltrato, como tantos otros que nadie ve. Pero alguien lo vio. La Asociación Pro Defensa de los Animales lo recogió, lo curó y, al mirarlo a los ojos, entendió que aquel border collie no era un perro cualquiera. Tenía inteligencia, energía y una brújula interna que pedía dirección. Así que llamaron a Jorge Beens, un especialista en rescate canino, y entre ambos decidieron que Tsunami no iba a ser solo un caso más. Iba a ser una herramienta de vida.

Desde finales de 2017, el perro se puso a entrenar como si su propia existencia dependiera de ello. Y vaya si dependía. Aprendió a olfatear entre el polvo, a detenerse donde nadie veía nada, a marcar el punto exacto donde la tierra guardaba un secreto. No fue un curso de obediencia ni un truco de circo. Fue preparación para la catástrofe, y la catástrofe no tardó en llegar. Los deslaves de Las Tejerías y El Castaño, en Aragua, fueron su bautizo de barro y escombros. Tsunami se movió entre el lodo y los restos de viviendas como si hubiera nacido para eso, y localizó a quienes el mundo ya daba por perdidos.

En febrero de 2023, el perro cruzó el Atlántico. Viajó a Turquía y Siria con la Fuerza de Tarea Humanitaria Simón Bolívar, y allí, bajo temperaturas que congelaban hasta los huesos, recorrió edificios partidos por los terremotos. No pidió mantas ni se quejó del frío. Hizo su trabajo con la disciplina de un soldado y la paciencia de un ángel. Mientras los políticos hablaban de solidaridad internacional, Tsunami ponía la pata sobre los escombros y olfateaba la vida donde solo había muerte. No necesitó discursos. Necesitó olfato, y le sobraba.

El olfato de Tsunami

Luego vinieron los sismos en Venezuela. En las Residencias Rita, un edificio de ocho pisos en San Bernardino que un día fue hogar y al día siguiente fue montaña de hormigón, Tsunami volvió a demostrar que su olfato no falla. Los rescatistas pidieron silencio absoluto. Tsunami recorrió los restos, se detuvo y marcó. Debajo, un hombre de unos sesenta años esperaba su milagro. Los equipos tardaron casi tres horas en sacarlo. Seis horas después del derrumbe, el hombre salió con vida. No fue magia. Fue Tsunami.

Algunos dicen que ha rescatado a doce personas. No hay un registro oficial, porque en estos países los registros son un lujo que no siempre se usa. Pero lo que sí está confirmado es que ha participado en misiones dentro y fuera de Venezuela, y que sus marcajes han permitido encontrar a quienes ya no esperaban ser encontrados. Ahora Tsunami envejece. Se acerca al final de su vida operativa, como los viejos bomberos que cuelgan el casco. Pero el cachorro abandonado que un día recibió una segunda oportunidad no la desperdició. La convirtió en docenas de oportunidades para otros. Y eso, señores, es más de lo que muchos humanos pueden decir.

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