La esvástica que nadie vio

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Por Rafa Junco ()

Madrid.-

Parecía una camiseta de fútbol extravagante, muy propia de los años noventa. De esas que hoy miras y piensas: «¿quién les vendió esa idea?». Blanca, con el 7 Up en el pecho como una declaración de intenciones gaseosas, y una franja geométrica violeta y negra que se enredaba por hombros y mangas. La Fiorentina la estrenó como visitante en la temporada 92-93, y durante varios partidos nadie levantó una ceja. Ni los jugadores, ni los entrenadores, ni los periodistas. Pasó como pasa casi todo: distraídos por el espectáculo, nadie mira el decorado.

Hasta que un lector del periódico L’Unità, a finales de noviembre, se puso a mirar con atención lo que tenía delante. Y vio lo que no debía estar allí. La repetición y superposición de aquellas líneas geométricas formaban decenas de esvásticas. Una vez que el ojo las encuentra, ya no hay vuelta atrás: el patrón se convierte en un grito mudo. El tipo cogió el teléfono, escribió su carta, y la bomba estalló en la redacción.

La polémica no tardó en prender. En aquellos años, Italia miraba de reojo a los grupos extremistas que asomaban la cabeza en los estadios, y una esvástica en una camiseta profesional no era precisamente un chiste de mal gusto. Fiorentina y Lotto reaccionaron como reaccionan siempre los que se ven con el agua al cuello: comunicado conjunto, explicación técnica, declaración de intenciones puras. El diseño, dijeron, era un accidente. La combinación de elementos geométricos había parido aquella forma sin que nadie lo planeara. Involuntario. Casual. Como si el azar tuviera malas pulgas.

El Mea culpa ridículo

Y retiraron la camiseta de inmediato. La sustituyeron por una versión tan sosa que daba vergüenza: completamente blanca, con unos detalles violetas mínimos, como un mea culpa en forma de aburrimiento. Pero la camiseta maldita ya había hecho su agosto. Durante semanas, tipos como Batistuta, Laudrup o Effenberg habían corrido con ella pegada al pecho, marcando goles y dando pases sin saber que llevaban un mensaje que no firmaban. Nadie se dio cuenta. Ni ellos, ni el público, ni los que la diseñaron. Hasta que alguien, desde una grada o desde un periódico, detuvo el partido con la mirada.

Con los años, esa camiseta se convirtió en objeto de culto. No por Batigol, no por el 7 Up, no por los resultados de aquella Fiorentina que no ganó nada memorable. Se convirtió en leyenda por un error de diseño que pasó desapercibido para todos, menos para un lector con ojos de lince. Una camiseta creada para llamar la atención, que terminó llamándola por la razón equivocada. La prueba de que a veces lo más evidente está delante de nuestras narices, y que solo hace falta un tipo con un periódico y tiempo libre para desmontar la inocencia de un dibujo.

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