Undav, el héroe inesperado que devolvió la vida a Alemania en el Mundial

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Por Yoyo Malagón (Enviado Especial)

Toronto.- ¡Pero qué partidazo, hermano! ¡Qué jornadita la de Toronto! Alemania, la poderosa, la que llegaba con todo y con furia después de haberle metido una goleada a Curazao, se topó con una Costa de Marfil que no le pidió permiso a nadie. Y en medio de ese vendaval, apareció un hombre, un valiente, un tipo que no le tiene miedo a nada: Denis Undav, el héroe. Porque esto no era cualquier partido, no señor, esto era Mundial, esto era vida o muerte, esto era sudor y gloria en el Toronto Stadium.

Y qué susto nos llevamos todos, compañero. Porque cuando el reloj marcaba los 29 minutos, pum, apareció Franck Kessié, ese que parece un toro bravo, y le puso la pelotita donde el arquero alemán no llegó ni con una escalera. Golazo de Costa de Marfil. Y ahí, en ese momento, se vinieron abajo los europeos, y los marfileños, caramba, empezaron a soñar con otra de esas sorpresas que tanto le gustan al fútbol. La grada, que era una locura, se convirtió en un hervidero de nervios, porque Alemania, la que siempre gana, estaba perdiendo.

Pero el fútbol tiene esas cosas, y por eso lo amamos tanto. Los teutones le picaron, le picaron y le picaron, pero el cerrojo marfileño parecía de acero. Julian Nagelsmann, el técnico, se comía las uñas desde la raya, los jugadores alemanes ya no sabían ni cómo pararse, y la afición, esa que viajó hasta tierra canadiense, se agarraba la cabeza. Minuto tras minuto, el marcador seguía 1-0 y el reloj era un enemigo implacable. Parecía que no iban a poder, pero en el fútbol nunca se sabe.

Y entonces, cuando más oscuro estaba el panorama, cuando ya todos pensaban en la derrota y en el ridículo, apareció la luz. Minuto 67, balón al área, y el héroe, el que no estaba en ningún cartel, el que nadie mencionaba en las previas, Denis Undav, digan su nombre, la empujó con el alma, la metió donde las arañas hacen telarañas, y puso el 1-1. Pero no contento con eso, el destino le tenía guardado otro regalo, y en el tiempo añadido, cuando Costa de Marfil ya cantaba el empate, Undav de nuevo, otra vez, la misma pelota, el mismo héroe, el mismo grito, y el 2-1 que desató la locura.

Y ahora sí, Alemania vive y renace de sus cenizas, hermano. Porque después de haber fracasado en Rusia y Catar, de haber sido el hazmerreír del planeta, estos muchachos, con Undav a la cabeza, han dicho «hasta aquí llegó la mala racha». Seis puntos, líderes del Grupo E y con la moral por las nubes, aunque todavía les queda Ecuador, y Costa de Marfil, que dio la campanada ante Curazao, sigue con vida y con hambre. Pero eso no importa ahora, hoy se celebra, hoy se grita, hoy se llora de alegría. Porque en el Mundial, el que sabe sufrir, después disfruta el doble. Y Undav, ese sí que sabe de gloria. Chaaaaaau.

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