
El «tin» de las transformaciones: la misma estafa con otro nombre
Por Yanetsy Pino ()
Atlanta.- «Ella tiene un tin… de pechaje y de coraje…». Así dice la canción de reparto «Un Tin», de Payaso x Ley y Rowell Urban, que empieza con tremenda lírica, toda fina y pomposa, pero a los 40 segundos rompe en lo mismo de siempre: un coro para tirar cintura y mucho aguaje. Pues bien, el paquete de las 176 «transformaciones económicas» que acaba de anunciar la dictadura cubana es idéntico a esa canción: tiene un tin de todo, pero es la misma estafa de siempre.
Nos quieren vender que van a permitir bancos privados, franquicias extranjeras, importación de combustible por las mipymes y hasta venta de divisas libres. Te lo pintan como el «cambio definitivo». Pero miren detrás del maquillaje: es un cambio fraude. Y viene de la mano de ellos, no del bloqueo ni de Estados Unidos.
¿Por qué es un cambio fraude, otra estafa más para el pueblo cubano?
Primero, tiene un tin de economía, pero bajo el control de ellos. Dicen que habrá banca privada, pero aclaran rápido que estará bajo la supervisión directa del Banco Central de Cuba. ¿Quién en su sano juicio va a meter sus divisas en un banco controlado por los mismos que te metieron el corralito del MLC y que congelan las cuentas cuando les da la gana? Lo que ganes hoy, te lo quitan mañana.
¿Y la libertad?
Segundo, no hay respaldo legal ni propiedad privada real. La economía no funciona en el aire. Para que haya un cambio real, tiene que haber leyes independientes que protejan ese cambio y a los beneficiarios de ese cambio. En Cuba no hay Estado de derecho. No hay garantías legales de que tus empresas o tus inversiones van a ser tuyas siempre. Mañana te hacen una «fiscalización», te acusan de enriquecimiento lícito o ilícito (da igual) y te lo quitan todo.
Tercero, mucho «tin» de apertura, pero cero libertad. Cambiar un poquito la economía para que la cúpula siga igual, esa es la estrategia. Aquí no se ha hablado de elecciones libres, ni de cesar la represión, ni de liberar a los más de mil presos políticos. No hay bienestar real para la gente si sigues viviendo con el zapato en el cuello.
El colmo del descaro es el salario mínimo. Suben el salario de 2.100 a 3.210 pesos, mientras quitan los topes de precios e imponen un IVA. Con la inflación galopante y el dólar por las nubes, ese aumento no da ni para comprar un cartón de huevos. Es una burla total.
A los que todavía están esperando que de la mano de esta gente venga una solución mágica: despierten. Esto es un experimento desesperado de la dictadura porque el país se les está apagando y no tienen dinero ni petróleo. Abren la mano en el combustible y las remesas no para salvar al pueblo, sino para que los privados les financien el colapso mientras ellos mantienen el poder político absoluto. Como dice la canción: tiene un tin de gusto, tiene un tin y es sin susto… pero al final es puro aguaje.






