Matanzas incorpora dos carros fúnebres eléctricos en plena crisis energética

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Por Jorge Sotero

Matanzas.- Matanzas acaba de recibir dos carros fúnebres eléctricos para reforzar sus servicios funerarios, una noticia que en cualquier país con cierta normalidad podría pasar inadvertida, aunque en Cuba hasta el traslado de los muertos termina convertido en acontecimiento nacional.

La gobernadora Marieta Poey Zamora anunció la llegada de los vehículos y habló de respeto en los momentos difíciles. La frase suena bonita, solo falta explicar qué nivel de respeto recibe un ciudadano cuando pasa horas sin corriente, sin agua y con hospitales funcionando al límite.

Los vehículos fueron entregados por el Ministerio del Transporte a través del Fondo de Desarrollo del Transporte. Las autoridades aseguran que forman parte de un plan destinado a respaldar servicios esenciales. La pregunta que queda flotando en Matanzas resulta bastante sencilla: ¿de dónde saldrá la electricidad para moverlos en una provincia golpeada por la crisis energética? En la Cuba de la dictadura hasta los carros fúnebres necesitan hacer cálculos antes de arrancar, no vaya a ser que el difunto tenga que esperar el próximo apagón para llegar a su destino.

El Gobierno provincial también presume de otras incorporaciones recientes, entre ellas ambulancias, furgones destinados a alimentos y vehículos para pacientes que requieren hemodiálisis. Nadie cuestiona la utilidad de esos medios. Lo que resulta difícil de digerir es que una dictadura incapaz de garantizar combustible, transporte estable, medicamentos y electricidad termine presentando cada vehículo recibido desde arriba casi como una hazaña administrativa. El problema nunca ha sido comprar dos carros; el problema es haber llevado al país hasta el punto de celebrar cada recurso básico que aparece.

En redes sociales ya surgieron dudas sobre la conveniencia de incorporar transporte eléctrico en una provincia sometida a una crisis energética profunda. La interrogante tiene toda la lógica del mundo. Si los cubanos pasan horas esperando que regrese la electricidad, si los hospitales necesitan garantizar servicios vitales y si buena parte del transporte público está prácticamente colapsado, la llegada de dos vehículos eléctricos abre una pregunta incómoda: ¿quién garantiza que tendrán corriente cuando más se necesiten? El régimen podrá inaugurar equipos, hacer fotos y publicar comunicados; la realidad seguirá siendo mucho más terca.

Así queda otra postal de la Cuba en ruinas: nuevos carros fúnebres eléctricos circulando dentro de un país donde conseguir transporte, combustible, comida, medicinas y electricidad se ha convertido en una carrera de obstáculos. El Gobierno habla de estrategia integral y servicios esenciales; los cubanos llevan años viendo el resultado de esas estrategias. Al final, hasta los muertos parecen tener mejor perspectiva de movilidad que los vivos, siempre que aparezca la electricidad para cargar el carro. Y esa es quizá la parte más triste de esta noticia: en la Cuba de la dictadura, cualquier avance mínimo termina pareciendo un milagro.

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