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Por Luis Alberto Ramirez ()

MIami.- El régimen de La Habana es un monstruo que se alimenta del miedo del pueblo. Pero si el pueblo deja de temer, entonces el monstruo deja de alimentarse y muere de hambre.

Quizás leí esta frase alguna vez en algún lugar. Tal vez pertenece a algún poeta o simplemente surgió en mi mente a raíz del encarcelamiento de un creador de contenido cubano, acusado de espionaje y para quien solicitan una condena de 30 años de prisión por supuestamente exponer un cementerio militar.

¿Acaso sacó a la luz pública un cementerio o las lápidas militares del régimen cubano? No lo sé. Lo que sí sé es que esta no parece una condena al azar, sino una advertencia dirigida a todos aquellos cubanos que muestran y denuncian el desastre en que han convertido a Cuba.

Basureros gigantescos en las calles, hospitales insalubres, apagones interminables, cacerolazos, protestas, gritos de libertad, represión policial, colas infinitas y mentiras cuidadosamente elaboradas y difundidas por la televisión nacional. Esa es la realidad que muchos intentan documentar y que el régimen pretende ocultar.

Los cubanos han perdido el miedo, y la dictadura ya no tiene cómo alimentarse. Por eso está muriendo. Muriendo por inanición. Muriendo porque los cubanos han comenzado a desprenderse del temor que durante décadas le dio vida y fuerza al sistema.

Termino este comentario con un pensamiento que tampoco recuerdo si leí, escuché o simplemente concebí: “Un pueblo que quiere avanzar al futuro, solo tiene que soltar el lastre que lo ata al pasado.”

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