EFE y el arte de mentir por omisión: la crisis educativa cubana no nació con Trump

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- La agencia EFE, en un despacho desde La Habana, nos entrega una pieza maestra del periodismo de omisión, ese que no necesita mentir con los datos que pone, sino con los que calla. El texto, firmado por Claudia Dupeirón, describe con tono compungido un país donde los patios escolares están en silencio, los niños deambulan por las calles y las abuelas se hacen cargo de una infancia sin aulas.

Hasta ahí, la verdad. Lo que EFE se cuida mucho de decir es que este desastre no empezó con el bloqueo petrolero de Trump, ni con la crisis energética de 2024, ni siquiera con la pandemia. Esto viene de mucho más atrás, de un sistema que saqueó la educación durante décadas mientras llenaba los discursos con consignas de «pilares» y «conquistas de la Revolución».

La crisis energética que EFE presenta como el origen de todos los males es, en realidad, el último clavo en un ataúd que lleva años cerrado. ¿De dónde salía la electricidad que mantenía las escuelas abiertas, los hospitales funcionando y las fábricas produciendo? De la Unión Soviética primero, que cerró la tubería en 1991 y dejó a la isla en el llamado Período Especial, ese eufemismo para no llamar hambruna a lo que fue una hambruna.

Y de Venezuela después, que durante los años dorados del chavismo enviaba millones de toneladas de petróleo subvencionado. Cuando Caracas se desplomó, se desplomó también el último respirador artificial de la economía cubana. Eso ocurrió mucho antes de que Trump firmara su primera orden ejecutiva.

Hay cosas que EFE no explica

La ministra de Educación, Naima Trujillo, habla de un fin de curso adelantado «por la crisis energética», y EFE lo reproduce con la misma credulidad con que reproduciría un parte meteorológico. Pero no preguntan, no indagan, no contextualizan. ¿Por qué no hay transporte? ¿Por qué no hay alimentos en los comedores escolares? ¿Por qué los maestros ganan un salario que equivale a nueve dólares en el cambio real?

¿Por qué ninguna provincia alcanzó una cobertura docente del 100%? La respuesta a esas preguntas no está en Washington: está en La Habana, en un modelo económico que destruyó la capacidad productiva del país y en una casta que se reparte los dólares de GAESA mientras los niños hacen los deberes a la luz de una vela.

La Unesco, citada por EFE como la voz de alarma internacional, advierte que «la educación en Cuba está en riesgo» y que «se pone en peligro el futuro de toda una generación». Correcto. Pero la Unesco no dice —y EFE tampoco— que ese riesgo viene gestándose desde que los maestros empezaron a huir del país en masa, desde que las escuelas dejaron de tener libros, pupitres y hasta quien las limpiara, desde que el sistema socialista decidió que la educación ya no era una prioridad sino un gasto insostenible. El bloqueo de Trump ha agravado la situación, sí, pero presentarlo como la causa única es un acto de manipulación periodística tan burdo como previsible.

Periodismo cómplice

Porque aquí no solo miente la prensa oficialista cubana, esa que repite como un mantra que «el bloqueo es el culpable» mientras esconde las cifras de la debacle. También miente la prensa extranjera acreditada en La Habana, esa que para no perder la visa, la oficina o el acceso a las fuentes oficiales, se pliega al relato que el régimen le pone en bandeja.

Describen los apagones, las colas, el hambre y la desesperación con el mismo tono aséptico con que describirían una sequía en el Sahel, como si la responsabilidad fuera del clima, de la mala suerte o de un presidente norteamericano con mal genio. Pero nunca, nunca, señalan al verdadero responsable: un régimen que destruyó el país y luego culpa al vecino de las ruinas.

La infancia cubana está en peligro, sí. Pero no solo por el bloqueo. Está en peligro porque el sistema que debía protegerla la ha convertido en rehén de una narrativa, en carne de cañón de una propaganda que necesita víctimas para justificarse.

EFE ha elegido contar la mitad de la historia, la que conviene al régimen. La otra mitad —la de la corrupción, la ineficiencia, la represión y el robo sistemático del futuro de varias generaciones— se queda en la libreta del periodista. O en la gaveta del censor. Que para el caso, es lo mismo. Porque cuando el periodismo renuncia a preguntar, se convierte en cómplice. Y EFE, desde La Habana, ha decidido serlo.

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