El yugo y la estrella: la Cuba de hoy

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- “Yugo y estrella” es uno de los versos más conocidos de José Martí, incluido en Versos sencillos. En ese poema, Martí coloca al hombre frente a dos símbolos: el yugo y la estrella. El yugo representa la obediencia, el sometimiento, la cabeza baja, la vida aceptada como carga. La estrella, en cambio, representa la dignidad, la libertad, el deber moral, pero también el sacrificio, porque no hay estrella verdadera que no ilumine y queme al mismo tiempo.

Martí no presenta la libertad como una comodidad, sino como una responsabilidad. La estrella no es un adorno patriótico para ponerse en la frente en los discursos; es una luz que exige valor. Por eso el cierre del verso es tan profundo: “Dame el yugo, oh mi madre, de manera / que puesto en él de pie, luzca en mi frente / mejor la estrella que ilumina y mata.” Martí no escoge la sumisión; convierte incluso el peso del yugo en pedestal para que brille más la estrella.

Y aquí es donde ese verso entra de lleno en la Cuba de hoy.

Dedico esta reflexión a quienes, desde Cuba o desde cualquier lugar, me acusan de colaborar con el gobierno de Estados Unidos por apoyar sanciones contra el régimen cubano. A quienes me escriben, sean amigos, parientes, cercanos o no, para decirme que no haga nada por ellos, que ellos están bien así, y que si quiero hacer algo por Cuba me ponga a hacer campaña por el levantamiento del embargo o de las sanciones.

En primer lugar, hay que decirlo claro: esas sanciones van dirigidas contra el régimen cubano, contra sus estructuras de poder, contra quienes reprimen, controlan, deciden, viven bien y le piden sacrificios al pueblo desde sus privilegios. Levantar sanciones sin desmontar la dictadura no significa libertad para el cubano de a pie; significa oxígeno para el mismo aparato que lo vigila, lo empobrece y lo obliga a callar.

No es de buenos mirar a otro lado

También me dicen que, como soy un hombre libre, debo dedicarme a vivir mi vida, a disfrutar mi felicidad, mi familia y lo que he logrado fuera de Cuba. Pero se equivocan. Precisamente porque soy libre, no puedo mirar hacia otro lado. Precisamente porque sé lo que significa vivir sin miedo, no puedo aceptar que los míos sigan viviendo bajo el chantaje, la mentira y la resignación. Todo lo que he hecho y todo lo que haga será siempre a favor del pueblo de Cuba, no a favor del régimen que lo mantiene secuestrado.

En estos días se nota con más fuerza una campaña feroz desde los medios oficialistas, desde cuentas de la Cancillería cubana, perfiles de dirigentes y voceros del régimen, medios como Granma y Cubadebate, y sus cajas de resonancia en Facebook y X. El mensaje es el mismo de siempre, pero ahora más directo: quieren que los familiares dentro de Cuba presionen emocionalmente a los familiares que viven en Estados Unidos. Quieren hacerles creer que la culpa de su miseria no es del sistema que los destruyó, sino del gobierno americano y sus sanciones.

Ese es el truco: convertir a la víctima en mensajera del victimario. Hacer que el cubano que sufre apagones, hambre, colas, salarios miserables y hospitales destruidos termine repitiendo el libreto del mismo régimen que lo puso en esa situación. Y, sin darse cuenta, en vez de quitarse el yugo del cuello, se lo ajusta más.

Una campaña por todas las vías posibles

Porque el yugo de hoy no siempre viene con cadenas visibles. A veces viene en forma de mensaje privado por WhatsApp o Messenger. A veces llega como ruego familiar. A veces se disfraza de preocupación: “no hables más”, “no te metas en eso”, “ayuda a levantar el bloqueo”, “nosotros estamos bien”, “no hagas nada por nosotros”. Pero detrás de esas frases muchas veces está la mano larga del régimen, empujando al miedo, a la resignación y al silencio.

No culpo al cubano que vive dentro de la isla y tiene miedo. No culpo al que está cansado ni al que repite lo que escucha todos los días porque no tiene otra información. Pero sí digo esto: no se puede confundir al verdugo con el médico. No se puede pedirle al exilio que le quite presión al régimen mientras el régimen no le quita el yugo al pueblo.

Martí puso al hombre frente a una elección: el yugo o la estrella. Cuba lleva demasiados años con el yugo encima. El yugo del miedo, de la vigilancia, de la libreta, del apagón, del salario de miseria, de la familia partida, de la juventud huyendo y de los ancianos sobreviviendo como pueden.

La estrella, en cambio, sigue siendo la dignidad. La estrella es no prestarse para la mentira. La estrella es no repetir consignas fabricadas por quienes viven del sacrificio ajeno. La estrella es entender que la libertad no se mendiga ante la dictadura ni se cambia por una remesa, una jabita o un permiso de entrada.

A los que usan el sufrimiento como escudo

Por eso esta reflexión no es contra mi familia, ni contra mis amigos, ni contra ningún cubano que sufre dentro de Cuba. Esta reflexión es contra el régimen que usa ese sufrimiento como escudo. Contra el poder que empobrece al pueblo y después le ordena culpar a otros. Contra los que quieren que el exilio se calle para que la dictadura respire.

Yo no tengo nada que perder cuando defiendo la libertad de Cuba. Pero sí tengo mucho que ganar: la libertad de los míos, la dignidad de mi gente y el derecho de ver algún día a Cuba sin yugo.

Porque al final, como en Martí, la pregunta sigue siendo la misma: ¿vamos a seguir aceptando el yugo, o vamos a levantar la frente para que brille la estrella?

El régimen quiere cubanos con yugo. Cuba necesita cubanos con estrella.

P. D. El régimen creyó que con esta campaña iba a ganar terreno y ganar tiempo, usando a nuestras propias familias como mensajeras de su narrativa. Pero lo que ha logrado es algo mucho más triste: separar todavía más a la familia cubana. Parientes con los que compartí techo, mesa y vida hoy me han bloqueado, se han distanciado y hasta me han dicho que ya no existo para ellos. Ese también es parte del yugo: no solo empobrece a un país, también rompe familias.

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