Ascensión, el documental que dibuja la realidad distópica de la China comunista

Comparte esta noticia

Por Carlos Carballido ()

Dallas.- Sobre el “paradigma de nación perfecta” con que influencers y analistas geopolíticos califican a China, suelen existir solo dos polos: a favor y en contra. En ambos casos rara vez se explica toda la verdad.

El documental Ascensión, dirigido por la cineasta chino-americana Jessica Kingdon, ofrece una vía distinta. Sin entrevistas ni voz en off explicativa, la directora utiliza cine observacional para mostrar la búsqueda del “sueño chino”: prosperidad y movilidad social dentro de un sistema capitalista bajo control autoritario.

La cámara no juzga. Solo expone. Y lo que expone desmonta tanto la admiración acrítica como el rechazo ideológico simplista.

China ha logrado avance tecnológico notable y ha reducido drásticamente la pobreza extrema. Al mismo tiempo ha construido una sociedad distópica que solo se diferencia de la ficción en paisajes coloridos y tecnología disponible para todos los estratos.

El filme revela una pirámide social rígida. Los chinos no aparecen famélicos ni deprimidos a primera vista, pero el flujo constante de imágenes muestra una sociedad que sonríe poco, sin tiempo para el paisaje, inmersa en pantallas y con miradas desconectadas.

Ascensión, el documental que dibuja la realidad distópica de la China comunista

Personas de cualquier nivel —obreros, influencers, empresarios— están sometidas a rutinas que deshumanizan: jornadas interminables en fábricas o entrenamientos literalmente militares de ventas.

Un sistema que exige obediencia y vigilancia permanente

Ante la monotonía extrema, el chino común opta por la disociación psicológica. Esa mirada distante, que muestran como una constante, no es apatía ni falta de inteligencia; es un mecanismo de supervivencia para no colapsar bajo un sistema que exige obediencia y vigilancia permanente.

China es un paraíso visual y un infierno social. La mano de obra barata en las cadenas de producción no supera los 7 dólares la hora, con aburridísimas jornadas de 9 a.m. a 9 p.m., seis días por semana —el célebre “sistema 996”—, sin los derechos laborales básicos que existen en Estados Unidos.

Ascensión deja mal sabor de boca a quienes solo escuchan a comentaristas, geopolíticos de cuarta y figuras mediáticas que celebran el “éxito chino” sin mencionar el costo humano.

El documental termina con una cita del poema “Ascensión” de Zheng Ze (1912):

“I ascend and gaze afar with a clear heart / only to find that everywhere is already razed.”

El mensaje es claro: tras el esfuerzo titánico por subir y prosperar para darle ora imagen al resto del mundo, lo que se encuentra en la cima no es utopía, sino vacío y desconexión humana.

Hoy, cuando muchos critican a Estados Unidos con falacias que idealizan a China, este documental resulta necesario.

Yo, al menos, prefiero vivir mil años en EE.UU. que un solo día en un país donde el espejismo tecnológico y la opulencia terminan degradando lo más sagrado del ser humano: su libertad individual.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy