A propósito de Pentecostés

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Por Padre Alberto Reyes ()

Evangelio: Juan 20, 19 – 23

Madrid.- Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo, que es el amor que existe entre el Padre y el Hijo, y que es tan fuerte, que se convierte en una tercera persona. Pentecostés es, por tanto, la fiesta del amor de Dios, y el amor es siempre la fiesta del «nosotros».

La relación con Dios va intrínsecamente unida a la relación con el otro. Cuando le damos la espalda a Dios, le damos la espalda al hermano, y cuando le damos la bienvenida a Dios, nos hacemos capaces de acoger al hermano.

Dar la espalda a Dios significa entrar en la dinámica de la torre de Babel: «Hagamos una torre que llegue hasta el cielo». ¿Qué significado tiene esta frase? El cielo es el sitio de Dios, «llegar hasta el cielo» significa ocupar el lugar de Dios, poniendo en su lugar a nuestro «Yo» : yo decido qué está bien y qué no, yo construyo la vida en torno a mis gustos, mis deseos, mis intereses… sometiendo a mi “yo” a los que tengo delante.

Pentecostés es lo contrario, no significa descuidar o ignorar lo que necesito, me gusta o quiero, sino hacer sitio al otro junto a mí, construir la vida dando en ella un espacio al otro: a su necesidad de ser mirado, escuchado, ayudado…

Vivir construyendo un «nosotros» es hermoso pero no es sencillo.

Para empezar, continuamente tenemos que lidiar con problemas, con retos cotidianos, con cansancios, malestares, frustraciones, imprevistos que nos desbaratan nuestros planes… Por otra parte, la convivencia siempre tiene sus tensiones, porque por naturaleza somos diferentes.

Por eso, asumir el «nosotros» como modo de vida no es algo espontáneo sino el resultado de una decisión que necesita ser renovada y entrenada.

Es muy hermoso el texto en el cual Jesús pide a sus discípulos irse a un lugar «tranquilo y apartado» para descansar, pero cuando llega, había una multitud de gente esperando, deseosos de oírlo hablar, y dice el texto que Jesús «se puso a enseñarles con calma» . Estaba cansado, predicar no era lo que le apetecía en ese momento, pero se dio cuenta de que esas personas estaban como «ovejas sin pastor» , y eso le movió el corazón.

Pentecostés es precisamente esto, es la capacidad de ir por la vida conectándose con el momento del otro, y dando espacio a ese momento y a ese otro en la dinámica de nuestro día. A veces podremos dar más espacio, a veces menos, pero se trata de mantener la actitud que transmite, básicamente, dos mensajes: «me importas» y, como me importas, «yo estoy aquí para ti» .

Y no olvidemos que el primer lugar para vivir en el espíritu de Pentecostés es la casa, la familia, aquellos que viven contigo y que son los primeros que necesitan tu mirada, tu sonrisa, tu buen trato, tu ayuda; aquellos que son los primeros que necesitan sentir que les importas, y que estás ahí para ellos.

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