
La solución está en GAESA
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Existe una forma de derrocar al régimen de La Habana sin tirar un solo tiro y sin derramar una sola gota de sangre: ahogar el emporio financiero militar cubano. No se trata de castigar al pueblo, que bastante hambre y miseria arrastra desde hace décadas, sino de golpear directamente la estructura económica que sostiene a la cúpula gobernante mientras el cubano de a pie sobrevive entre apagones, escasez y desesperanza.
Durante años, el poder en Cuba ha estado concentrado en manos de una élite militar que controla hoteles, empresas, importaciones, divisas y buena parte de la economía nacional. Mientras el ciudadano común hace colas interminables para conseguir un pedazo de pan o un medicamento, los dirigentes viven protegidos por privilegios, cuentas en el exterior y negocios manejados desde las sombras. Esa es la verdadera desigualdad del sistema: el sacrificio siempre recae sobre el pueblo, nunca sobre quienes gobiernan.
Por eso, congelar los fondos y las propiedades vinculadas al conglomerado militar cubano en el extranjero sería mucho más efectivo que cualquier discurso político o sanción simbólica. Si los líderes cubanos tuvieran que enfrentar las mismas vicisitudes que enfrenta el pueblo, si sintieran en carne propia la escasez que han impuesto durante más de sesenta años, entonces comprenderían el costo real de mantenerse en el poder a cualquier precio.
La economía y el miedo
El régimen ha sobrevivido gracias al control absoluto de los recursos económicos y al miedo. Pero cuando se toca el dinero de la élite, cuando se afectan los intereses de quienes realmente sostienen la maquinaria represiva, el sistema comienza a resquebrajarse desde dentro. No hace falta una guerra; hace falta cortar el flujo financiero que mantiene viva a la estructura que oprime al país.
La libertad de Cuba no tiene que construirse sobre montañas de cadáveres. Puede llegar mediante la presión económica dirigida a quienes han convertido a la nación en un negocio personal. Porque mientras el pueblo pasa hambre, los dueños del poder jamás deberían dormir tranquilos.
El secretario de estado puso el dedo en la llaga cuando dijo que GAESA es la base de todo. Congelar fondos, eliminar empresas adjuntas al conglomerado militar, eliminar a los que controlan las remesas y usar esos fondos para la reconstrucción de Cuba.
Marco Rubio tiene la solución, y es ahí donde hay que enfocarse: cerrar a los castristas como a una lata de leche condensada, que no les entre agua, sol ni sereno, y tú vas a ver como se viran y se jode el castrismo. Porque detrás de todo izquierdista se esconde un oportunista.






