Comparte esta noticia

Por René Fidel González García ()

Santiago de Cuba.- El gobierno cubano tiene intereses; el gobierno estadounidense también. Cada uno escoge los medios para alcanzarlos o para impedir los del otro.

La población cubana, más allá de sus propios intereses, expectativas, puntos de contacto y afinidades con las acciones de uno u otro, es, en gran medida, espectadora – y víctima o perjudicada – de los medios y las decisiones de ambos actores.

En Cuba se está cerrando, en mi opinión, un ciclo histórico increíblemente complejo desde todo punto de vista. Se cierra con la decadencia de un sistema político, de sus relaciones y de sus culturas, producto de la acumulación y la irresolución de graves contradicciones políticas, sociales y económicas; con la degradación y el desmontaje sistemático de muchas de las instituciones, dinámicas y procesos que en su momento expandieron la civilización en la isla; y con un vía crucis geopolítico, por así decirlo, que podría resolverse e imponerse de la forma más demoledora, aplastante y, también, amarga.

Existen metas que trascienden todo esto, independientemente de su desenlace. No es que sean indiferentes a sus repercusiones e impactos, es que le trascienden.

Las metas de los excluidos

La mayoría de ellas se corresponden con ideas y aspiraciones que en Cuba han sido históricamente concebidas como vías para el ejercicio de los derechos y libertades ciudadanas, de la igualdad política y el respeto de la autonomía, la autodeterminación y la opción; para el entendimiento político y la solución de contradicciones dentro de un sistema democrático que las encauce; y para el sometimiento del Gobierno, el Estado, las instituciones y los funcionarios al imperio de la ley, como condición indispensable para el funcionamiento de la sociedad.

Tales metas reivindican también una comprensión del desarrollo, la plenitud y la realización de las personas, así como de las condiciones elementales para su dignidad y la construcción de proyectos de vida sostenibles, basada en la garantía de acceso y disfrute de derechos y recursos sociales, económicos y culturales.

Seguir haciendo avanzar esas ideas, esas metas, sean cuales sean las circunstancias, es un propósito que no ha perdido ni perderá vigencia.

Los tiempos históricos, los tiempos de los procesos, los retrocesos y avances que en ellos se producen, no tienen por qué significar un cúmulo de incertidumbres tan significativas como para que perdamos de vista nuestras metas, las metas de los excluidos en Cuba.

Esta es la clave de empezar a ser actores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy