
Los tacones de Raúl
Por Yeison Derulo
La Habana.- Gerardo salió a defender a Raúl Castro hablando de tacones, como si estuviera describiendo a una vedette del Tropicana y no al jefe de una dictadura que tiene a Cuba hecha polvo. “Raúl es Raúl”, dice, orgulloso, mientras uno se imagina a La China caminando por Punto Cero con aquellos botines militares y un taconeo que debe escucharse desde Siboney hasta Centro Habana. Lo único que faltó fue que Gerardo aclarara si los botines eran de cuero italiano o de la colección otoño-invierno de Clandestina.
La escena da para una novela de Corín Tellado versión comunista. Ahí tienes al coordinador de los CDR, inspirado, defendiendo los tacones del general como si estuviera comentando una pasarela en París. Y sí, Raúl será Raúl, los tarros son los tarros y Cuba también es Cuba: apagones de 14 horas, hambre, hospitales cayéndose y gente escapando en cuanto encuentra un hueco. Tremenda obra dejó La China, aunque Gerardo prefiera fijarse en el tamaño del tacón.
Lo más cómico es el tono épico del mensaje. “A la mitad de esos tacones le llegan sus enemigos”, escribió. Compadre, a la mitad de esos tacones le llega también el agua sucia de las calles rotas de La Habana. Mientras el país entero anda en chancletas rotas, ellos siguen creyéndose una mezcla de Napoleón con influencer militar.
Gerardo quiso sonar duro y terminó escribiendo algo que parece la defensa apasionada de una madrina de quinceañera. Le faltó decir: “Raúl podrá tener tacones, pero los combina con dignidad revolucionaria”. Qué clase de papelazo. En cualquier momento abre un canal de YouTube para hablar de moda verde olivo y tendencias dictatoriales primavera-verano.
Al final, lo único claro en toda esta historia es que la revolución terminó convertida en un carnaval raro: un espía defendiendo tacones, un país destruido y La China allá arriba, mandando todavía, mientras el cubano de abajo no tiene ni zapatos para caminar.






