La irracionalidad del poder: cuando la cúpula prefiere arrastrarlo todo antes que ceder

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Por albert Fonse ()

La Habana.- La dictatura me ha sorprendido. Verdaderamente, siempre había pensado que, cuando el régimen sintiera una presión considerable —incluso de un nivel por debajo de lo que estamos viendo ahora mismo: un pueblo hambriento que cada vez sale más a la calle, y todo apunta a un estallido social, sumado a una posible intervención militar de Estados Unidos—, iba a optar por algún tipo de cambio fraudulento.

Incluso pensé que, ante una crisis económica como la que está viviendo el país, solamente con medidas económicas y presión externa, la dictadura buscaría alguna salida controlada: ya fuera a través de la misma oposición controlada, una pequeña apertura, o cualquiera de las variantes que hemos visto en otros países, como las del estilo chino o vietnamita, o incluso una conversión al modelo ruso, donde la élite pasa a convertirse en una oligarquía con poder económico.

Cualquiera de esas opciones me parecía más lógica que lo que están haciendo ahora.

Una estrategia loca o empecinada

Empujar la situación al punto de no retorno, donde no solo perderían el poder político y sus riquezas, sino incluso podrían perder sus propias vidas, no me lo esperaba. Pensaba que intentarían una estrategia más inteligente y maquiavélica para lograr sobrevivir.

Este tipo de posicionamiento solo cabe entenderlo en la mente enferma de unos viejos decrépitos —Raúl, Ramiro, Machado Ventura y los demás— ahogados de poder, que viven en una burbuja de oro, completamente desconectados de la realidad del país. El pueblo ni los ve, ni a ellos les interesa.

No me imagino a la nueva generación, a los hijos de los dirigentes —que en su mayoría viven en el extranjero—, ni a muchos oficiales de menos de 60 años, dispuestos a morir por una dictadura que ni siquiera les conviene a ellos.

Sobre Miguel Díaz-Canel, ni siquiera vale la pena opinar. Su final es negro en cualquier fórmula.

Lo que estamos viendo no es una estrategia racional de supervivencia del sistema. Es la decisión de una cúpula envejecida que prefiere arrastrarlo todo antes que ceder el control.

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