
El régimen castrista agita el fantasma de la muerte mientras Cuba se desangra
Por Joel Fonte ()
La Habana.- Sentada sobre los cuerpos exhaustos y hambrientos de millones de cubanos, la dictadura castrista sigue agitando el fantasma de la muerte. En Cuba, a diario, cientos de miles de familias apenas se alimentan una vez al día, de forma precaria, o se acuestan sin cenar. Hay decenas de miles de personas que ya comen abiertamente lo que encuentran en la basura, o lo que obtienen mendigando en las calles de todo el país.
Son decenas de miles los ancianos que viven solos, en condiciones de indigencia, sometidos a un hambre atroz y sin medicinas imprescindibles para enfermedades que llegan inevitablemente con la edad. Y cientos de miles de niños pasan hambre, padecen desnutrición y ven alejarse su infancia sin apenas haber tenido juguetes ni haber disfrutado de golosinas inalcanzables para el salario de sus padres. Millones de hogares, además, carecen de medios para cocinar los pocos alimentos que obtienen con indescriptibles sacrificios.
Escasez total
Los cubanos sufren una escasez aguda de todos los servicios básicos para la vida: electricidad, agua potable, alcantarillado, transporte público. Nuestros hijos necesitan que sus padres trabajen meses enteros para comprarles solo un par de zapatos o algunas prendas de ropa. Vivimos un drama humano de dimensiones colosales, un drama que el régimen castrista —que prometió prosperidad para Cuba en 1959— solo ha multiplicado.
Frente a todo eso, el régimen genocida, principal responsable del hundimiento de la nación, artífice y hacedor de la tragedia, ahora exalta y glorifica la probable muerte de nuestra gente como una alabanza, una oda, un canto lírico al patriotismo. Cobardes. Llaman a morir defendiendo una patria que ellos mismos han asesinado, robándola, vejándola, corrompiendo sus valores más sagrados.
Nosotros, los que tengamos que morir, no lo haremos para que Castro y la cúpula militar y civil que controla el país, ni para que los criados que ellos han puesto como rostros visibles de su poder, sigan ahí robándole la vida y los sueños a nuestros hijos. Lo haremos para ponerle fin a todo eso. Estamos obligados por nuestra dignidad, y lo haremos. Porque los verdaderos patriotas no son los infames que empujan a otros a morir desde el pedestal del poder y así hablan de gloria, sino los millones que sufren escarnio sin que se les permita siquiera hablar.
No más dictadura en Cuba. No más temor. Basta de tolerar injusticias.






