El régimen vende el turismo con los bohíos

Comparte esta noticia

Por Marcos Tallapiedra

La Habana.- Cuba está tan creativa con el turismo que ahora vende como experiencia premium lo que durante décadas fue símbolo de precariedad rural. El bohío, esa vivienda de madera, yagua y techo de guano donde generaciones enteras sobrevivieron con carencias de todo tipo, pasó milagrosamente de representar atraso material a convertirse en “producto turístico de naturaleza y autenticidad”. Lo que antes era pobreza, ahora viene empaquetado como aventura ecológica.

Hay que reconocerle algo al ingenio revolucionario: transformar necesidad histórica en atractivo vacacional tiene su mérito. Mientras medio país sueña con escapar de apagones, inflación y escasez, el turista extranjero paga feliz por dormir en una estructura que emula exactamente el tipo de vivienda del que millones de cubanos habrían querido salir hace años. La desconexión tecnológica, dicen. Bueno, en eso sí son expertos: Cuba lleva bastante tiempo entrenando a su población en desconexión forzada.

El discurso oficial presenta el bohío como rescate cultural, sostenibilidad y retorno a las raíces. Todo muy bonito hasta que uno recuerda que en buena parte del país todavía hay gente viviendo en condiciones bastante menos románticas y bastante más reales. Pero claro, una cosa es vender “experiencia rural inmersiva” con queso de cabra artesanal y yogurt de búfala, y otra muy distinta sobrevivir con salario estatal y libreta de abastecimiento.

La narrativa es impecable: el turista ya no quiere hoteles impersonales, sino autenticidad. Y autenticidad en Cuba parece significar dormir como campesino del siglo pasado, pescar con bambú y comer directo del huerto mientras observa una postal cuidadosamente curada de rusticidad tropical. Lo llaman turismo consciente. Casi antropológico. Como si la precariedad, bien decorada, pudiera convertirse en lujo.

Al final, el bohío resume bastante bien el momento cubano: un país incapaz de modernizarse que termina comercializando su propio atraso como patrimonio exótico. No hay suficiente gasolina, medicamentos ni electricidad, pero tranquilos: siempre quedará la opción de venderle al extranjero la fantasía bucólica de dormir en la misma estructura de la que tantos cubanos llevan décadas intentando escapar. Cuba no resuelve sus problemas; simplemente les pone precio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy