¿Qué ha pasado? El desconcierto ante el nuevo escenario cubano

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Por Yoel Arias Hernández ()

La Habana.- «¿Pero qué ha pasado, qué ha pasado?». Esta frase, recurrente en el repertorio del veterano comediante español Joaquín Reyes, me sirve para abrir estas líneas. En un giro argumental propio del mejor cine de suspense, se han sucedido varios acontecimientos de evidente concatenación en el ámbito de la crisis cubana. A pesar de que con Trump hay que esperar cualquier cosa en cualquier momento, nada prepara a uno para noticias que se suceden súbitamente, sin ningún tipo de avance (spoiler) que las anteceda.

Es el efecto de «uno esperando a Cuco y llega Radcliffe». Aquel que hacía visitas en las madrugadas de los sábados ha sido sustituido por «su jefe», pero de día; la única semejanza es la sorpresa. El director de la CIA no visitaba La Habana desde las conversaciones secretas que trajeron el deshielo durante la era de Obama, y antes de eso, nada desde 1959. Esta sí es noticia de manual, del tipo «hombre muerde a perro»; así de impactante.

¿Es importante?

Por supuesto. No estamos hablando de cualquier funcionario gubernamental, sino de la viva estampa del «enemigo jurado» de toda la vida, al menos para la cúpula y el apparatchik ideológico cubano. Esto se produce inmediatamente después de la visita de Trump a China, del ofrecimiento de 100 millones en ayuda y de la posibilidad de acusar a Raúl Castro por vínculos con el narcotráfico y el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. Es simbólico porque la visita incluyó una reunión con el «nietísimo», además de con la dirección del MININT, pero curiosamente, no con Díaz-Canel.

¿Qué ha pasado? El desconcierto ante el nuevo escenario cubano

A pesar de la primera impresión —una nota redactada con tono triunfalista para los medios oficialistas, donde todo indicaba que los estadounidenses se marchaban convencidos de que sus acusaciones carecían de fundamento, pero sin dar detalles, lo que la hacía sumamente sospechosa—, más tarde se conoció la versión corregida directamente desde fuentes de la propia CIA, incluyendo fotos del suceso. Ya en la segunda información supimos que todo no fue tan idílico. Aunque el encuentro fue cordial, Radcliffe traía un ultimátum de parte del POTUS: se acaba el tiempo, deben aprovechar la ventana de oportunidad que está próxima a cerrarse (en síntesis, un mensaje súper express).

El contexto

Muchos conocidos, yo incluido, vieron el anuncio de la visita oficial de Trump a China como un mensaje negativo. La visita se había dilatado por la situación en Irán y el cierre de Ormuz; asumo que Donald quería llegar con una victoria indiscutible, pero no pudo ser así. La idea en casa era: «ahora el chino le dice que deje a Cuba en paz», lo que daría al traste con los planes hacia la isla. Luego vino el recibimiento, nada que ver con la visita de cierto jefe de gobierno caribeño y aliado de Xi. Más tarde siguió el guiño MAGA que el secretario general del PCCH le hacía a Trump desde su discurso; todo muy bien, demasiado bien. En un lapso de tiempo relativamente breve, teníamos un avión aterrizando en el José Martí y a este visitante sorpresa.

¿Qué ha pasado? El desconcierto ante el nuevo escenario cubano

Después de varios días de idas y vueltas con lo de los 100 millones de Marco Rubio y Díaz-Canel, una nota que se dio a conocer ayer, un tanto ambigua a mi entender, sugería que se daba luz verde a la participación de la iglesia en este asunto, similar a los 300 anteriores en el Oriente cubano (millones de dólares, no los espartanos de Leónidas). Otro enfoque curioso en estos sucesos de la saga del «Tres de Enero» (3E) es que el director llegó a La Habana con la cúpula gobernante aún intacta y que no se reunieran con nuestra «Delcy Rodríguez» —o eso creemos—, invirtiendo el patrón que se pensó se iba a cumplir tal cual, o algo muy parecido.

La conexión china

A diferencia de la «Conexión Francesa», que traficaba estupefacientes, la asiática trafica influencia y geopolítica pura y dura. Sea lo que sea que el «Colorao'» y el «Narra» hayan pactado en Beijing, el efecto se hizo sentir inmediatamente. Se trama un nuevo reparto global entre las potencias desde hace rato y, por muy roja y comunista que sea China, antes que marxista, se sabe potencia nuclear y económica.

¿Qué ha pasado? El desconcierto ante el nuevo escenario cubano

Entonces, está por verse si en el ajedrez global los alfiles cubano y taiwanés han sido sacrificados en el altar de la diplomacia. Lo cierto es que, entre las acusaciones estadounidenses para sostener que Cuba es una amenaza activa para ellos, la presencia de instalaciones de espionaje radioelectrónico chinas ocupaba uno de los primeros puestos de la lista. Si Radcliffe llega reiterando las mismas exigencias anteriores, pero en un contexto posterior al convite chino-estadounidense, hay que pensar seriamente que los camaradas pekineses han cedido.

La jornada de ayer fue muy activa, llena de emociones y, por qué no, de un particular sentido del humor. Habrá que esperar señales oficiales cubanas, otras que no sean los llamados al «baño de sangre» y las fanfarrias de apoyo de figuras «allende los mares» que no determinan tanto como lo que llenan titulares. Esperemos. Por lo pronto, mañana es sábado y Cuco lo sabe.

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