¿Por qué Díaz-Canel no hace más podcasts?

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Por Oscar Durán

La Habana.- Hace un tiempo parecía que Miguel Díaz-Canel había descubierto una nueva pasión: sentarse en televisión nacional a grabar podcasts con cara de universitario entusiasta, acompañado por su inseparable Arleen Rodríguez y algún ministro convocado para explicar por qué el país está al borde del colapso, pero todo marcha “según lo previsto”.

Aquello parecía el nacimiento del gran fenómeno mediático cubano: una mezcla rara entre terapia de grupo, Mesa Redonda con filtros juveniles y reunión de comité transmitida en horario estelar.

Sin embargo, el experimento parece haber entrado en coma. Y uno entiende por qué. Hacer un podcast en Cuba no debe ser tarea sencilla cuando cada semana aparece una nueva desgracia nacional que desactualiza el capítulo anterior. Imagínense grabar una hora entera explicando estabilidad energética y, dos días después, tener media isla cocinando con carbón y alumbrándose con linternas de celular. Es difícil sostener una narrativa optimista cuando la realidad tiene complejo de saboteador.

También está el pequeño detalle del rating emocional. Ver a Díaz-Canel conversando relajadamente con Arleen, como si estuvieran grabando un episodio de autoayuda política, mientras afuera hay colas, inflación y apagones kilométricos, generaba una sensación extraña. Era como ver al capitán del Titanic haciendo un live sobre liderazgo mientras el barco ya tiene el agua por las rodillas. Mucha sonrisa, mucha calma, pero el iceberg seguía ahí, bastante convincente.

Quizás alguien dentro del aparato comunicacional se dio cuenta de que el formato tenía un problema estructural: demasiada cercanía expone demasiado. Cuando el presidente habla sin el blindaje solemne de un acto oficial o un discurso leído, queda más espacio para la improvisación, y la improvisación es deporte extremo en política. Un mal comentario, una frase desafortunada o una promesa demasiado optimista pueden envejecer peor que un yogur dejado al sol en Santiago de Cuba.

Así que probablemente decidieron guardar los podcasts en la misma gaveta donde descansan tantas otras ideas revolucionarias que prometían modernidad y terminaron en silencio administrativo. Una lástima, porque el país se estaba perdiendo una joya audiovisual: Díaz-Canel, Arleen Rodríguez y el ministro de turno reunidos para explicarle al pueblo por qué todo está complicado, pero al mismo tiempo mejorando.

Un género de ficción nacional que, sinceramente, merecía al menos una segunda temporada.

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