
El régimen de las condecoraciones absurdas
Por Yeison Derulo
La Habana.- Se viene el 1 de Mayo y en Cuba volveremos a ver el mismo espectáculo de siempre: consignas recicladas, carteles obligatorios, dirigentes sonriendo para la foto y una narrativa oficial que intenta vender prosperidad en medio de la ruina. Mientras el cubano de a pie hace malabares para conseguir arroz, un pedazo de pollo o simplemente corriente eléctrica, el Estado anda repartiendo distinciones de Vanguardia Nacional como quien reparte caramelos en una fiesta infantil. Lo nunca visto.
Llevo 41 años viendo este circo y honestamente no recuerdo un momento donde hayan entregado tantas medallitas, reconocimientos y diplomas como ahora. Resulta fascinante la lógica revolucionaria: cuanto peor funciona el país, más premios se inventan. No importa si la empresa no produce, si el organismo no resuelve nada o si la institución es una fábrica de burocracia y humo; al final siempre aparece alguien colgando una placa en la pared y sonriendo como si acabara de descubrir la vacuna contra el hambre.
Uno quisiera entender bajo qué parámetros se mide la excelencia en este país. ¿Ser Vanguardia Nacional significa sobrevivir sin combustible? ¿Hacer milagros administrativos en oficinas donde no hay ni hojas para imprimir? ¿O simplemente aplaudir fuerte y asistir disciplinadamente a cada acto político? Otra explicación racional no encuentro. Cuba está fundida por todos lados, pero oficialmente parece que estamos viviendo una etapa dorada del rendimiento laboral.
Lo más grotesco de todo es el contraste. Afuera, un país que se cae a pedazos. Hospitales destruidos, salarios pulverizados, apagones criminales y jóvenes huyendo como si esta isla fuera un edificio en llamas. Adentro, un salón climatizado donde entregan certificados y repiten que el compromiso con la patria sigue intacto. Es una distopía tropical. Un país donde la realidad y el discurso oficial hace años firmaron el divorcio.
Así llegamos al 1 de Mayo: con más hambre que épica, más cansancio que entusiasmo y más sarcasmo que fe. Bienvenidos a Circuba 2026, donde el trabajador sobrevive como puede y los de arriba celebran una productividad imaginaria y se felicitan entre ellos.
Aquí no se premia la eficiencia ni el mérito; aquí se condecora la resistencia absurda de seguir aparentando que todo funciona.






