
Fallece Carmelo Andrés Llanes, trompetista de La Charanga Habanera
Por Anette Espinosa
La Habana.- La música popular cubana vuelve a vestirse de luto. A los 73 años falleció Carmelo André Llanes, el mítico trompetista conocido por todos como “el abuelo Carmelo”, una de esas figuras que, sin necesidad de robarse el micrófono, terminan siendo imprescindibles dentro de una orquesta. Su muerte deja un hueco enorme en la historia reciente de la timba y, sobre todo, en el corazón de miles de seguidores de La Charanga Habanera.
Hablar de Carmelo es hablar de oficio. De calle. De años encima del escenario y de una trompeta que sonó en momentos claves de la música cubana. Aunque muchos lo popularizaron recientemente por el tema “El abuelo Carmelo”, incluido en una producción de La Charanga Habanera, su historia musical venía escrita desde mucho antes. Muchísimo antes.
Nacido el 3 de abril de 1953 en San José de las Lajas, Carmelo cargaba con una trayectoria que no necesitaba adornos. Él mismo resumía su formación de una manera muy cubana: “un ratico en Amadeo, un ratico en la ENA, pero lo que sé lo aprendí en la calle”. Esa frase, probablemente, lo define mejor que cualquier biografía académica. Porque Carmelo era eso: músico de escuela, sí, pero también de barrio, de descarga, de horas acumuladas tocando hasta que el metal se volviera extensión natural del cuerpo.
Antes de convertirse en rostro emblemático de La Charanga Habanera, trabajó con agrupaciones como Paulito FG y su Élite, Rojitas, Havana Ensemble, Danny Lozada y Son Candela. No era un improvisado ni un músico de paso. Era de esos instrumentistas que entran a una agrupación y le dan peso, presencia y jerarquía.
Desde 1998 formó parte de La Charanga Habanera, la legendaria orquesta fundada en 1988 y dirigida por David Calzado, convertida con el paso de los años en una referencia obligatoria dentro de la timba cubana. Allí, Carmelo encontró otra casa. Otra familia. Otra manera de seguir vigente en una industria donde sobrevivir décadas ya es una proeza.
Su figura se convirtió en una especie de símbolo dentro del grupo. El veterano entre jóvenes. El hombre de experiencia en medio del desenfreno musical, los cambios de vestuario y el espectáculo permanente que caracteriza a La Charanga. Y lejos de incomodarle, parecía disfrutarlo. En una entrevista llegó a decir algo hermoso: “Parece que tengo 20 años y voy a cumplir 50 ahorita. Me siento como nunca en la vida”. Una frase simple, pero poderosa. Habla de alguien que encontró plenitud haciendo exactamente lo que amaba.
Hoy se apaga una trompeta, pero queda una historia. La de un músico que no necesitó grandes escándalos ni titulares para convertirse en leyenda popular. Bastó con tocar bien. Con mantenerse. Con ser parte de la banda sonora de varias generaciones.
Se fue el abuelo Carmelo. Y con él, un pedazo de esa Cuba musical que todavía resiste entre metales, tumbaos y nostalgia.






