
Spiderman no está loco
Por Luis Alberto Ramírez ()
MIami.- En mi opinión, el uso de la psiquiatría como herramienta de represión en Cuba no es algo nuevo, sino una práctica que se ha sostenido en el tiempo con distintos matices. Desde hace décadas, la seguridad del Estado ha recurrido a métodos que no solo buscan castigar al opositor, sino también desacreditarlo.
Lo ocurrido en el centro psiquiátrico de La Habana, donde se habrían aplicado procedimientos para doblegar a disidentes, no solo implicaba sufrimiento físico o psicológico, sino también la construcción de un expediente que servía como arma futura: etiquetar al opositor como “desequilibrado” para invalidar cualquier crítica.
Ese mecanismo resulta particularmente perverso, porque traslada el conflicto político al terreno de la salud mental, despojando al individuo de legitimidad. Incluso se ha mencionado que figuras vinculadas a estas prácticas terminaron fuera del país enfrentando procesos judiciales, lo que sugiere que no se trataba de simples excesos aislados.
Los crímenes de Villa Marista
Lo preocupante es que, lejos de desaparecer, estas prácticas parecen haberse degradado aún más. Hoy, en lugar de revestirse de un aparente formalismo profesional, se percibe un uso más burdo y directo de estos métodos. Casos recientes, como el de un joven deportista detenido tras expresar inconformidad, refuerzan la idea de que manifestarse contra el sistema puede ser interpretado oficialmente como un signo de desequilibrio.

A mi juicio, esto revela un nivel de cinismo difícil de ignorar: convertir la disidencia en patología no solo es una forma de represión, sino también una manera de evadir el debate real. La pregunta que queda en el aire es hasta dónde puede llegar esa lógica y si existe, en algún punto, un límite para este tipo de prácticas.
Yo no sabía que Villa Marista era un centro de tratamiento mental, sino el centro de tortura nacional. Yo estuve allí, yo sé lo que me hicieron, se lo que le hicieron a los demás, así que si Spiderman está allí, cuando salga, si sale, va a estar loco de verdad, y culpará a los americanos, al bloqueo y hasta a su mamá, de las palabras que dijo, porque para sobrevivir el Cuba, no hay que estar loco, sino, hacerse el loco.






