
El comunismo de boutique: así vive Ana Hurtado la dictadura que niega
Por Max Astudillo ()
La Habana.- Ana Hurtado escribe desde la más absoluta ignorancia pringada de cinismo. Dice que en Cuba no hay dictadura, que el poder lo tiene el proletariado, que el Partido es la unidad del pueblo. Pero la señora Hurtado no vive el comunismo que defiende: ella vive el comunismo de boutique, el de los privilegios de la cúpula.
Está casada con Senén Casas, «Senencito», amigo íntimo de Alejandro Castro, hijo de Raúl Castro. Y su suegro, el fallecido general Senén Casas, fue otro muy cercano a los hermanos Castro. Ana no sufre apagones, no hace colas, no le falta combustible ni alimentos. Ella ve la dictadura desde el balcón de un coto de caza, una isla paradisíaca para escapar los fines de semana y una copa de whisky caro. Por eso le sale tan falsa la defensa.

Hurtado (a la que parece que le robaron el cerebro) se atreve a poner a Pablo Hasél como ejemplo de falta de libertad en España. Con eso demuestra que no tiene ni idea de lo que es una dictadura de verdad.
En España, Hasél fue juzgado por un tribunal independiente, con abogado, con recursos, en un Estado de derecho imperfecto pero real. En Cuba, criticar a los Castro es delito de «disidencia» y se paga con cárcel, palizas o exilio.
¿O es que Ana puede explicar qué pasó con los manifestantes del 11J? ¿Dónde están los jóvenes que pidieron pan y libertad? En Cuba no hay prisioneros políticos para ella, claro, porque los prisioneros políticos no son sus amigos ni asisten a sus fiestas con la dictadura.
La farsa de Ana Hurtado
Luego cita a Lenin y la «dictadura del proletariado» (http://www.cubadebate.cu/opinion/2026/04/26/cuba-una-dictadura/) para justificar el régimen. Pero el proletariado cubano, ese del que ella habla como si lo conociera, vive hoy con salarios de menos de 20 dólares al mes. El 90 por ciento de los cubanos está en la pobreza y el 60 por ciento en la miseria extrema.

Esa miseria no la ha causado el bloqueo solamente, aunque Ana se agarre a esa excusa como un clavo ardiendo. La ha causado un sistema que no produce, que aplasta la iniciativa privada, que roba cualquier esfuerzo y que mantiene a los suyos en la abundancia mientras el resto se come un huevo con un pan duro… si lo encuentra.
Ana dice que en Cuba se puede disentir, que hay personas con «posturas anexionistas» que expresan su opinión sin represión. Miente. Sabe que miente. O vive en una burbuja tan blindada que no ve las calles. Los disidentes cubanos son golpeados, amenazados, encerrados. Los periodistas independientes son acosados. Las mujeres que protestan por la falta de medicinas para sus hijos son detenidas. Y ella lo sabe.
Pero claro, a ella no se le va la corriente, no le falta transporte, tiene combustible para su carro y hasta puede permitirse algún alucinógeno prohibido en casi todo el mundo mientras pontifica sobre la dignidad revolucionaria.
El cinismo más absoluto
Termina Ana preguntando por qué no levantan el bloqueo y dejan caer al régimen. La respuesta es sencilla: porque el bloqueo no es la única causa de la miseria, pero es la coartada perfecta. Y mientras tanto, ella y los suyos siguen viviendo como zares rojos en La Habana, con sus cotos de caza, sus viajes, sus islas privadas y sus amistades en la cúpula asesina.

Cuba no es una dictadura para Ana Hurtado porque a ella la dictadura le paga bien. Para el 90 por ciento de los cubanos, que no tienen su apellido, no están casadas con un hijo de papá, ni su carné de privilegiada, es el infierno. Y ella, con su artículo ridículo, es apenas otra cínica más escribiendo desde el comedor de sus verdugos.






